sábado, 5 de abril de 2025

Herencia

 La tuya es una herencia de plusvalías,

sin impuestos,

sin cargas, ni rémoras insalvables.

No hay necesidad de notarios, de juicios, ni testamentos que resquebrajen unos lazos.

La tuya es una herencia repleta de amor,

y no hay nadie que se haya quedado de vacío cuando de tu recuerdo se trata.

Tuya es la herencia del carácter y amor de mis tíos,

la empatía de mi hermano,

la fuerza de mi padre,

y mi genio.

La tuya es una herencia que se ha quedado impregnada en las paredes de la casa que estamos arreglando

quizá, mamá, algún día escuches corretear a una pequeña con tu nombre a cuestas.

Como otro tributo más a tu memoria.

La tuya es una herencia de plusvalías que estoy dispuesto a saldar cada día del resto de mi vida.

lunes, 16 de octubre de 2023

Veinte

 Ya van veinte, mamá. 

Qué vértigo mirar el pasado y ver lo que hemos crecido, lo que hemos soportado. La gente sigue empeñada en creer en tópicos manidos que te instan a no echar, ni si quiera de reojo, una mirada al camino que llevas transitado. Como si fuera una penitencia de la que olvidarse.

Yo sigo haciéndolo, mamá. Y aunque de un tiempo a esta parte, y por suerte, tengo menos tiempo para la melancolía y el dolor, siempre les reservo un hueco cuando mi alma me lo pide. 

Por aquello de entender lo necesario de la tristeza, para apreciar y dar las gracias por todo lo que hemos tenido.

Y por lo que tenemos.

Y por lo que, sin duda, tendremos.

He vuelto a dormir en tu alcoba, y lejos de no reconocer estas paredes, he conseguido recobrar el sueño en ellas. 

En varias de sus acepciones, mamá.

Si me lees menos es, sin lugar a dudas, porque estoy bien. 

Tal y como te prometí.

viernes, 28 de julio de 2023

Ella

Ella es el nudo desabrochado del corset,
la bocanada de aire cuando vuelves a la superficie después de sumergirte en tus miedos.

Las luces apagadas del semáforo en una parrilla de F1,
es el pistoletazo de salida en un 1000 besos lisos.

Ella es aire puro, 
y, a la vez,
pulsaciones que no registra mi reloj.

Ella es ese acento del sur que (no)me hace perder el norte porque, 

ahora,

sé muy bien en qué frontera sentarme a esperar.

Ella es la certeza de que,
en ocasiones, 
hay personas que llegan para recordarte que siguen quedando almas por las que apostar.



miércoles, 5 de abril de 2023

Sexagésimo cuarto

Hoy hay sesenta y cuatro estrellas iluminando fuerte el firmamento, dibujando una constelación ahí arriba con tu nombre.

El mismo que tengo tatuado en mi piel.

Lo complicado del paso del tiempo es que cada vez se va uniendo más gente ahí arriba para regalarte las sesenta y cuatro rosas que me encantaría dejarte a los pies de la cama cada 5 de abril. 

Lo inherente al paso del tiempo es que hay pocas heridas que me cojan por sorpresa, mamá. Antes escribía a cada rato, a cada paso, a cada tropiezo, a cada triunfo. 

Hoy me basta con cerrar los ojos y recordar.

La terapia ha dejado paso a la cotidianidad del dolor, que lejos de superarlo, se ha quedado a vivir en mi pecho. Tiene cobijo y, de vez en cuando, lo alimento con fotos y vídeos donde he vuelto a escucharte llamarme pimpollo.

Lo positivo del paso del tiempo y de esa cotidianidad, mamá, es que de un modo u otro el dolor me retroalimenta.
Tu ausencia siempre ha sido combustible, algunas veces usado para incendiar mi alrededor por no saber, ni comprender, como seguir adelante. Y otras, la gran mayoría, como impulso cada vez que doblaba las rodillas y dejaba la mirada clavada en el suelo creyendo que no podía más.

De un tiempo a esta parte, mamá, he vuelto a mirar más al cielo. Como hacía cuando era niño y marcaba un gol, agradeciéndote así que sigas, porque sé que sigues, apoyando cada paso que doy.

Hoy hay sesenta y cuatro estrellas iluminando fuerte el firmamento, dibujando una constelación ahí arriba con el nombre de la mujer de mi vida.

martes, 1 de noviembre de 2022

Perdona si a eso no lo llamo amor

Convertimos a la traición necesaria para abrir los ojos.

¿Después de cuántas historias?

¿De cuántos errores?

Propios y ajenos.

Porque enfocamos siempre que el problema viene, exclusivamente, del otro lado del colchón.

Y no siempre es así.

De hecho, casi nunca es así.

Pero, ¿estás preparado/a para esa puta verdad incómoda?

Por eso vas hasta el final.

Por eso remas hasta que se te rompan los remos, hasta que la canoa se destroce por los golpes y empieces a ahogarte.

Pondrás los ojos en los remos, que son débiles.

Y en el material de la canoa que no es resistente.

Te acordarás de quien te invitó a subirte en ella.

Y de quien te prestó los remos.

Pero la realidad es que no querías admitir que no supiste, ni pudiste, remar con más fuerza.

Y no pasaría nada si en la canoa estuvieras solo.

Pero nunca vamos solos.

Y, a veces, por empecinarte en seguir, por no querer admitir que no puedes, aunque se te rompa el corazón de pena, acabarán los dos magullados. 

Dilucidando quién remó menos. Quién remó hacia el lado contrario. 

Quién achicó menos agua o quién decidió adentrarse río arriba.

El problema es que conocían el río.

Sabían que los remos estaban desgastados.

Y que la canoa tenía remiendos.

Suficiente para saber parar a tiempo.

Y, aún así, decidieron seguir por el falso convencimiento de que, por amor, siempre hay que morir.

Perdona si a eso no lo llamo amor.

lunes, 10 de octubre de 2022

Terapia

Mis letras eran la terapia ante los problemas que los adultos se empeñaban en no querer resolver.

"Ya crecerá".

Y convirtieron en tabú todo aquello que me hacía astillas el corazón.

Mis letras fueron el refugio donde encontraba las respuestas que los adultos no se atrevían a darme.

Mis letras llenaron de rencores una libreta entera, 

renglón por renglón.

Dibujaba reproches en los márgenes

y subrayaba la fecha para no olvidarme de cuando alguien pudo ayudarme,

y no supo,

o, peor aún, no quiso.

Mis letras eran los miedos de los adultos a las preguntas de un niño que echaba de menos a su madre,

la incapacidad de responder a un <¿por qué tan pronto?>

o un <¿por qué no pude despedirme de ella?>

Mis letras eran mi forma de combatir la soledad,

el dolor,

la incertidumbre,

el abandono.

Eran la terapia de mi tiempo,

cuando pedir ayuda no entraba en nuestros planes porque, 

¿qué dirán de ti?

Mis letras no solo fueron bálsamo,

fueron armas arrojadizas que hicieron daño,

fueron los reproches dibujados en los márgenes que salían disparados queriendo hacer sangre.

Mis letras son esas migas emocionales que te hablan de los caminos que llevo transitados,

de los que disfruté descalzo,

de los que me produjeron rasguños en todas las partes de mi alma,

de los que me endurecieron como lava el corazón,

y de los que me proporcionaron las herramientas y el aliento para seguir erguido.

Mis letras son lo único que tengo cuando la vida se pone tediosa y me invita a bailar.



Y, aunque nunca se me dio demasiado bien, 

después de varias sesiones de terapia, 

comprendí que ya era hora de agarrarla por la cintura 

y dejarme llevar.

lunes, 12 de septiembre de 2022

En rojo

Tu problema es que vas por la vida pensando que todo es un semáforo en rojo,
y esperas a que se ponga en verde,
a una señal que te permita cruzar.

Por aquello del miedo a un "no".

Al miedo paralizante de un "no".

Y quedarte a medias en la vía, provocar un accidente,
un atropello,
que venga la ambulancia,
la policía,
tal vez hasta los bomberos.

Y a ver cómo lo explicas, campeón.

Pero es que, quizá, lo que necesitas es esa adrenalina de cruzar en rojo,
de no esperar esos códigos,
esas señales,
esos avisos,
y que sea lo que tenga que ser.

Que se te acelere el pulso,
que el corazón se te salga del pecho,

y esa sonrisita estúpida al saber que tienes todas las papeletas para que te llamen loco.

Igual tienes suerte y provocas un accidente,
haces que vengan los bomberos,
se salda todo sin heridos

y es a ella a la que se le dibuja la sonrisa al verte cruzar.

miércoles, 3 de agosto de 2022

Zarandeo

La pregunta es,
¿para qué ir guardando cosas en los bolsillos y en la mochila?

Como rencores y reproches.

Si va a llegar la vida y te va a zarandear,
una vez,
otra vez,
luego te dejará tirado en el suelo y, 
cuando crees que puedes volver a levantarte:

Otra vez.

Y, cuando te halles erguido de nuevo, 
te darás cuenta de que en los bolsillos ya no te queda nada;
está vacíos.

La mochila salió volando.

Y todo aquello que te anclaba los pies al suelo y no te permitía avanzar ya no está.

Pues bien.

Siéntete afortunado si la vida te zarandea y solamente pierdes eso,
porque también podrás perder los abrazos que te guardaste,
el timbre que no tocaste,
el teléfono al que no llamaste,
o el perdón que no entonaste.

La vida te va a zarandear, eso seguro, pero procura que no te haga más daño del necesario por ir cargado de asuntos pendientes.

lunes, 23 de mayo de 2022

Trigésima primera

Estoy completando mi trigésima primera vuelta al Sol,
y, aunque debería estar acostumbrado,
me sigo mareando al acabar.

No sé si es el calor,
la piel que se me ha ido desgarrando de a poquito,
los huecos que van apareciendo en el alma,
o lo repetitivo que se vuelve todo cuando miro atrás.

Quizás es el dolor,
que a modo de seguidilla no me ha dejado respirar.

Quizás es el peso irremediable que el paso del tiempo va depositando en mis hombros,

(Al tiempo le da igual cuando empezó a colocar baldosas emocionales en tu chepa)

No nos da una puta tregua.

O sí.

Es el lunes de mi trigésima primera vuelta al Sol,
como si fuera una metáfora de un nuevo comienzo.

Aquel que, por diferentes vicisitudes, la vida nos arrebató.

Si hubiésemos escuchado un poco más,
o mejor,
o quizás otras voces que no hablasen desde el rencor.

Ahora que comienzo a tener más velas que soplar,
empiezo a notar cómo de necesario es el aire de quien,
un día, y durante toda su vida,
me enseñó a caminar.




martes, 22 de marzo de 2022

Triaje

Llevo desde los doce años gestionando la tristeza, el dolor y los baches prácticamente solo.

Porque quiero, todo hay que decirlo.

Si hablo de las manos que me sujetan, seguro, muchos se preguntarían por qué decido abrazar la soledad cada vez que tengo ocasión.

En la soledad es donde encuentro, casi siempre, la paz que necesito cuando hay mucho ruido fuera. 

Y de un tiempo a esta parte hay demasiado ruido que no me deja avanzar, ni curar, ni nada.

Llevaba dos años aplacando el ruido, con lo que ello conllevaba y la situación que estaba viviendo todo el mundo. 

Me centré en eliminar el ruido exterior y explotó una bomba sónica dentro de mí. 

No sé si me explico. 

Por una parte me siento bien porque, a pesar de todo eso, sané algunas heridas. 

Pero hay otras que no sanan y nadie las puede suturar.

Salvo yo. 

Más que nada porque nunca he llevado demasiado bien que me toquen las heridas y que escueza. 

Mi triaje particular está en funcionamiento y,

sintiéndolo mucho,

hay accidentes a los que no estoy dispuesto a darles prioridad.

martes, 1 de marzo de 2022

Inexorable

Hola, mamá, ¿cómo estás? 

La cosa ahí fuera sigue malita, pero todavía hay quienes creen estar por encima del bien y el mal, usando la picaresca. 
¿Sabes?
Me pregunto muchas veces qué sería de nosotros si nos olvidáramos de querer ser siempre más ‘listos’ que el de al lado. 
¿Tú crees que aprenderíamos más? 
Yo también. 

La gente quiere ir siempre un pasito por delante y ahí pierdes la perspectiva del paisaje que te rodea y, cuando llegues, 
quizás el primero, 
antes que ninguno e, 
irremediablemente a veces, 
también abandonado,
te darás cuenta que no habrá merecido la pena.

Y no, mamá. La gente no saber vivir a solas.
 
Nos han educado para repudiar la soledad, para buscar en quienes resguardarnos cuando hay tormenta, pero se han olvidado de adecentar el hogar que llevamos a cuestas cada uno de nosotros.

Y me resulta desesperanzador.

Yo no tuve elección, ya lo sabes.

Tu marcha y mis complejos me empujaron a una soledad elegida a dedo que,
después de tantos años, 
ha sido mi salvavidas en estos dos últimos.

Lo inexorable del paso del tiempo es que cada vez estás más acompañada ahí arriba, ¿quién nos lo iba a decir? 

Abraza a nuestro primo, abrázalo como no supimos hacerlo nosotros aquí. 

Y a nuestro tío. Abrázalo porque sé de buena tinta cuanto te echaba de menos.

Como lo seguimos haciendo nosotros aquí, mamá.

Tenemos que seguir, ¿sabes?

Aunque cueste, aunque esta vida maldita siga empeñada en vernos caer.

Estaremos bien, te lo prometo.

Yo no sé cómo lo haré, mamá. 

Pero lo haré.

lunes, 14 de febrero de 2022

En bicicleta

En realidad, todo esto es bastante parecido a cuando comienzas a montar en bicicleta.

Al principio, con ruedines que te ayudan a no caerte.

Con los años, los quitas porque entiendes que sabes mantener el equilibrio.

(Mentira)

Porque te caes.

Una vez. Y otra. Y otra.

Algunos te dicen:

"Por ahí no, que te vas a hacer daño".

Pero no haces caso.

Hasta que vas y zas; efectivamente, te haces daño.

Y creces creyendo que, de tantos golpes, tu piel se ha endurecido tanto que ya no duele,

ni quema.

Mira que me ha puesto palos en las ruedas esta vida maldita,

me quitó los ruedines,

no me dejó usar coderas, ni rodilleras.

Si caía y sangraba; (re)soplar y seguir.

Mira que he conocido todas las maneras habidas, y por haber, de suturar, y supurar, heridas.

No escondo ninguna de mis cicatrices,

no hago tabú ninguna de mis pérdidas,

y, aún así, sigo descubriendo nuevas formas de aflicción.

Pero ahora no es mi dolor el que me dobla,

no es mi dolor el que me deja sin respiración.

Es el dolor de quien me sanó y me cuidó tantas veces

que perdí la cuenta,

y por perder,

he perdido tanto

que, si te vacío los bolsillos,

lo único que me queda es mi piel dada la vuelta.

Abrasada,

como cuando te caes de la bici y has perdido todas las prendas que te protegen del asfalto.

jueves, 25 de noviembre de 2021

Despedidas

Mi madre nos dejó cuando yo tenía doce años. 

No pude despedirme de ella. 

Nunca he querido entrar en quien, o qué, tuvo la culpa de que no lo pudiera hacer. 

Pero siempre he pensado que fue la esperanza. 

La esperanza de que volviera curada a Lanzarote. 

El tiempo se adelantó y se llevó por delante a mi madre

Una de las últimas conversaciones que tuvimos fue sobre fútbol y sobre cómo debemos entender la victoria y la derrota según las circunstancias. 

En esa conversación me habló de que, a veces, incluso dándolo todo, perderemos. 

Y no va a pasar nada. 

Porque te levantarás y volverás a intentarlo.

La derrota, siempre, está en el hecho de no empujar con todas nuestras fuerzas.

No le pude hablar de los amores de mi vida. De la cantidad de errores que llevo a mi espaldas. 

Pero tampoco de los besos, de los abrazos y de las veces que me han susurrado cerca del oído y del corazón.

Me hubiese gustado saber su opinión sobre cada una de las pieles en las que habité.

No pudo verme volar a Madrid.

Esa ciudad que se quedó un pedacito de ella.

Mi madre se fue cuando yo tenía doce años y,
aunque no pude despedirme de ella,
sigo viendo sus ganas de vivir reflejadas en mis ojos.


jueves, 11 de noviembre de 2021

Pensadero

 Tengo la manía de volver al lugar donde me hicieron daño.

No te hablo de volver a acariciar pieles que "pinchaban", o abrazos que, en lugar de darte aire, te lo arrebataban,

Me refiero al recuerdo.

Desgranar cada momento, aunque hiera.

Comprender por qué alguien hizo lo que hizo.

En ocasiones ese alguien también pude ser yo, salvo que no me hubiese dado cuenta si no echo la vista atrás.

Entiendo al que tiene miedo de observar su pasado, por aquello de añorar emociones que ya no volverán jamás.

Y que duela. Porque siempre duele.

Pero para mí siempre ha sido necesario.

Comenzó así, siendo una necesidad para recordar cuando ella me llamaba 'pimpollo' y, a medida que iba avanzando el tiempo, se convirtió en un examen emocional al que me someto constantemente.

Para evitar las piedras de siempre.

Las propias y las ajenas.

Porque, en el fondo y entre tanta hiel, siempre hay resquicios de felicidad embotellada en una lágrima.

jueves, 14 de octubre de 2021

Mayoría de edad

Hola, mamá.

Tu ausencia sigue doliendo como una astilla alojada dentro del pecho,
la gente suele creer que el tiempo lo cura y lo soluciona todo. 

Nunca he sido capaz de ayudarles a entrar en razón.

La gente cree que uno supera el dolor de una ausencia como la tuya, que la herida cicatriza y, simplemente, sigues avanzando. 

Porque la sociedad te vende que hay que seguir a pesar de.

A pesar de todo,
a pesar de que tú ya no.

En el fondo creo que no quieren entrar en razón.

Porque no quieren aceptar que hay heridas que no cicatrizan, 
que a pesar del tiempo,
de los remedios,
de las terapias,
hay ausencias que se quedan viviendo dentro de uno mismo,
por los siglos,
de los siglos.

Sabes, no nos educan a convivir con la tristeza.
Como si fuera un virus que hay que erradicar, en lugar de enseñarnos a cogerla de la mano y entenderla.
A admitir que está ahí.
Y que, a veces, no se marcha.
En ocasiones se esconde, 
se apaga, 
se duerme,
pero cuando despierta de su letargo caminamos por la vida como si fuéramos un sonajero de dolor.

Nos abrazan y se escuchan todos nuestros pedazos rebotando por dentro.
 
Yo llevo cogida de la mano a mi tristeza desde aquel octubre de 2003

¿Sabes, mamá?

Tu ausencia acaba de cumplir la mayoría de edad,

y no, 

no tiene pinta de que vaya a independizarse de mi pecho el dolor que me produce.



miércoles, 2 de junio de 2021

Complejos

No es que me costara quitarme el miedo. 

Es que, simplemente, no pude.

Lo abracé, escuché sus razones y las entendí.

Aprendí a vivir con él, con la parte baja del cuello eternamente engarrotada.

Y el pecho, de paso.

Para sonreír hacía muecas con la nariz y la edad se ha encargado de otorgarme unas patas de gallo que, si te fijas bien, logras adivinar quien pone a revolotear mariposas en mi jardín.

Hace un tiempo, cuando huía de la culpa, responsabilizaba a mis complejos de que alguien no me abrazara durante un par de segundos más,
o de quien desviaba la mirada,
su tacto,
y, peor aún, su tiempo,
a otros que vivían sin esas sogas.

Hasta que me di cuenta de que me había olvidado que la gente nota lo que proyectas.

Y yo ya no quiero que tú notes el miedo en mi risa,
quiero que te subas en ella.

No quiero que notes miedo en mis caricias,
quiero que te envuelvas en ellas.

No quiero pasear mirando al suelo, por si un tropiezo te hace dudar.

Quiero pasear, agarrándote fuerte la mano,
y que si tropiezo sea como ese paso de baile que nunca supe dar,
por estar demasiado nervioso poniendo la mano en tu cintura.

Para que lo entiendas,
que solo quiero que el único miedo que me alimente sea el de que te olvides que,
quien pone a revolotear mariposas en mi jardín, 
eres tú.

jueves, 1 de abril de 2021

Primavera del 59

Con certeza solo sé que transcurría un domingo,

el primero de abril, el tercero de aquella primavera.


Desconozco si llovía,

si al cielo lo cubría una densa calima,

o si el sol abrazaba como luego lo haría ella.


Sé que empezaron a florecer los jardines,

que se llenaron de rosales los parques,

y que la Luna sonreía.


Empezaron a susurrar las estrellas, fijándose en ese corazón de tez pálida que ese domingo nacía.


Siempre la quisieron como compañera,

como para no hacerlo,

sabiendo que su brillo nunca se apagaría.


Se empeño la vida en derrumbarla.

Se empeño el olvido en hacer con ella lo que la marea hace en la orilla,


En 

vano.


Con certeza sé que nadie amó a un corazón como el suyo,

ni acarició una piel como la suya,

ni aprendió tanto... 

Tantos años,

siendo un recuerdo inmaculado.


Desconozco si alguien logró paliar su ausencia jugando a equivocarse

mucho me temo

que fue un intento fallido

y en su alma perdura el invierno.


Con certeza sé

que aunque ahora el aire es denso, como si una calima perpetua cubriera mi vida,

es su recuerdo el que abraza como lo hace el sol mi tez pálida.


Con certeza sé,

que su herencia siempre fue poder recordar su presencia, aunque se ausencia esté a punto de cumplir la mayoría de edad.

domingo, 14 de marzo de 2021

Mujer de loto

Me la encontré paseando entre la Avenida Desamor y el Paseo del Desasosiego, 
es uno de esos cruces que rehúyes porque solo emana dolor de sus callejones,
soledad entre los cartones de las almas que allí habitan y jeringuillas de "egoína" esparcidas por las aceras.

La vi haciendo zigzags entre la multitud, cargada con una mochila repleta de decepciones,
propias
y ajenas.

Las zapatillas con las decisiones desatadas que le hicieron tropezar, cayendo en (a)brazos delincuentes.

La mascarilla bien puesta, defendiéndose del virus y los besos. 

La vi saltándose semáforos en ámbar, queriendo decirnos que, en caso de duda, siempre iba a acelerar.

Que, parece, pero no es lo mismo que pisar el acelerador.

Por aquello de los que lo hacen con el freno de mano echado.

Pero ella no entendía de coches, solo quería correr. 

La vi huir, esconderse, arroparse en los libros, en la música. 

La escuché reír y me enamoré de sus patas de gallo asomando por arriba de su mascarilla.

Llevaba en sus ojos una de esas sonrisas que no olvidas,

ni
en
siete
vidas.



viernes, 25 de diciembre de 2020

Yo, mi, me, conmigo.

Hablo de mí.

A cada rato en este blog y fuera de él. En la calle, en el trabajo, el amor, en el desamor.

Hablo de mí.

Te podré resultar egocéntrico.

Y lo soy, joder.

Unos ochenta kilos, chicha arriba, chicha abajo.

Pero hablo de mí porque no puedo hablar de nadie más. 

No puedo hablar por nadie más.

Entiéndeme. 

Hablo de mí porque solo míos son estos trozos. Porque solo yo entiendo de lo que he roto. 

Hablo de mí porque no tengo potestad para hablar de otros corazones, ni de cómo sangran cuando los rompen en mil pedazos.

Hablo de mí porque nadie puede hacerlo mejor que yo.

Nadie conoce estas grietas como yo,
ni esta piel,
ni lo que esconde mi mirada.

Nadie conoce mis enfados mejor que yo,
ni cómo entro en cólera,
ni cómo salgo de ella con el iris clave.

Hablo de mí.

Porque hablar de otras almas
en las que no habito
me parece pecar de soberbia
en una sociedad que lo menos que necesita es juzgar al prójimo

Hablo de mí,
porque nadie mejor que el que se aloja en los infiernos,
para aconsejarte sobre los inconvenientes 
de adentrarte en ellos. 



martes, 15 de diciembre de 2020

Conquistas

Hacer "todo lo posible" para conquistar a alguien,
a veces,
se convierte en una traición anunciada.

En una mentira.

En una ristra de promesas que no vas a poder cumplir.

Porque esto no va de conquistas, ni de asedios.

Conquistar es una fusión sin pothalas,
dos seres que se reconocen al tacto,
al oído,
al sabor.

Es transitar su cuerpo sin GPS,
y que te de igual perderte.

Nunca te gustaron los rizos, pero jamás te bombeó tanta emoción como cuando te subes en su montaña de risas.

Conquistar no es querer robarle besos,
ni tiempo,
ni vida,
ni el corazón,

es multiplicar el que os queda por dos.

Conquistar su piel no puede significar una guerra, 
no debe haber armas,
ni trampas,
ni heridos,
y si hay alguna batalla que sea la de dilucidar quien lleva las riendas esta noche.

Por mí saco la bandera blanca
y dejo que seas tú
la que lleve el compás.