jueves, 14 de julio de 2011

Reloj

Veo que no has apartado la mirada de mi reloj. Bonito, eh? Exacto, pero está parado. No marca la hora y lo llevo como complemento. Para serte sincero me importa una mierda la hora que sea, el día que sea y lo tarde que llegue al trabajo, a una cita o simplemente que me despierte a deshora. Todo eso está sobrevalorado. Hay tantas cosas sobrevaloradas... Y el control del tiempo es una de ellas. Si, que está muy bien y que es necesario saber exactamente que hora es, cuanto nos falta para que llegue el momento de un para... o de un que... Pero gastamos mucho tiempo en mirar la hora y perdemos minutos, segundos básicos que luego echamos en falta cuando estamos juntos. Se hace tarde, dices mientras miras el reloj y te levantas. No, tarde será cuando amanezca.

viernes, 10 de junio de 2011

Me he olvidado


Me había olvidado de lo míseras y efímeras que resultan ser las promesas cuando uno promete más allá de su ombligo.
Me olvido por momentos que uno, en conjunto con otra persona, cambia con la facilidad con la que esta última empieza a olvidar porqué le empezó a querer.

Me he olvidado de compartir estrechos amaneceres, de tirar de la sábana en las madrugadas y de cocinar para dos.
Me he olvidado de inventar excusas, de esconder rosas y de escribir... Para ti.

Me había olvidado que no quieres sin querer, que quieres para crecer. Me había olvidado que no quiero a otro distinto al que soy y que, queriéndote, tendría que aprender a convivir con un desconocido.
Me olvido del tiempo, de la distancia y de los sueños. Me olvido de la valentía, del querer es poder y de los mil y un refranes que hay para los cobardes como yo. Lo olvido porque me interesa olvidar. Y no es que quiera, es que puedo.
Me planteé olvidar mis pasos andados y los tropiezos con segundas partes. Los pasos los olvidé. De los tropiezos no me interesa olvidarme. Y no es que no pueda, es que no quiero.


Estuve a punto de olvidarme de mí, a puntito...

domingo, 29 de mayo de 2011

Odio


Odio los lunes por la mañana.
Odio los domingos enteros y lo que tarda un viernes en llegar.

Odio las palabras que no dicen nada.
Odio el silencio atronador y los que no se callan cuando deben.
Odio la iglesia y su hipocresía barata.
Odio el sistema que nos sodomiza.
Odio al que se lucra de una catástrofe.
Odio al cobarde por no ser valiente y al valiente por no sentir pánico.
Odio al cobarde que finge ser valiente con un arma en la mano.
Odio al indeseable que se olvida que una mujer le dio la vida y las maltrata.

Odio los: "A ver si..." Y los: "Ojalá que..."
Odio el futuro porque todos los días usa un disfraz distinto y se cambia el apellido.
Y no soporto los: "Nunca lo conseguirás", los: "No eres capaz" o los: "No es para ti".
Odio lo efímero, aunque tampoco soporto las largas estancias.

Pero, sobre todo, odio lo frágil que es el ser humano. Lo ignorante que puede llegar a ser y que logre hacer complicado algo tan simple y tan necesario como sonreir.

sábado, 21 de mayo de 2011

Lo precioso


A veces lo hermoso se esconde bajo una carcasa de rasgos desagradables, por miedo a ser herido y/o malgastado. Paradojicamente, el ser humano tiende a herir con más facilidad lo bello. A lo repugnante se le ignora, se le deja en paz.
Pero lo espléndido, como tú, se intenta conseguir. Y es por ese afán cuando se cometen las mayores atrocidades

martes, 10 de mayo de 2011

Un segundo

Y si pudiera por un segundo hacer que pararas los pies y me miraras. Que obviaras toda la mierda que nos rodea. Que me abraces un jodido segundo, sólo te pido un segundo. La amabilidad se me acaba cuando pasas delante de mis narices, cuando me guiñas el ojo y me retas. Eres una maldita impertinente, que lo sepas. Te quiero, más de lo que te mereces incluso. Y me quieres y eso es lo que no sabes, que me quieres. O igual si lo sabes pero tu maldito orgullo de niña malcriada te hace negarlo. Quizás por eso no quieres abrazarme, porque tienes miedo. Porque eres una cagona y no tienes lo que hay que tener para afrontar lo que se te viene encima. Que soy del montón, ya lo sé. Que no puedo brindarte una vida de lujo ni mariconadas todos los días. Pero lo que yo te puedo dar está fuera de comparativa con todo eso. No hay joyas, lujo, ni comodidades que se puedan comparar con lo que yo puedo darte. Y eso tú si que lo sabes bien.
Afrontalo de una jodida vez y dame la oportunidad de demostrarte que hoy por hoy no hay nadie que mate como mataría yo por tus huesos.