Si hay algo que nunca he hecho, ni haré(no pongo el nunca, pero se adivina. Y mi metedura de pata también), es cambiar mis formas de "supervivir", porque yo no sobrevivo. Yo "supervivo". Aunque eso no exista, me da igual. Y ya te diré las razones.
Si ella no se quiere quedar, ¿qué quieres que le haga? Que se marche, ya me doleré. Porque ella no me va a doler, hace tiempo que ya nadie me duele porque no dejo que elijan por mi. No sé si me explico.
¿Y qué le hago a los que no creen en mi? Desistir sería darles la razón y nunca se me ha dado bien servir platos calientes a más de dos y con los cubiertos preparados. Soy demasiado egoísta como para compartir mis fracasos.
No voy a dejar de ser un idiota por mucho que me lo repitan, ni adoptaré facetas de tío duro para que alguna se quiera quedar. No me pega nada ir de tío duro, sería ridículo. Seguiré enamorándome de la primera que no tenga miedo. Y del desamor ya hablaré cuando aparezca.
Porque tengo la convicción, la extraña sensación, el estúpido pensamiento de que alguien se querrá quedar hasta que amanezca, que no se quiera ir de mi cama o echarme de sus sábanas. Quien corra a por mis piernas y por su entrepierna. La que, conociéndolos, sacuda mis complejos sin importarle nada más que verme sonreír. La que me conozca como lo hacen mis amigos y, aún así, siga queriendo despertarse junto a mi. Y la que sepa darse cuenta de que soy lo que soy por los que me han rodeado hasta hoy. Y solo hablo de sus características, porque yo pierdo el culo por quienes me quieren así. Hay que tener huevos para hacerlo, por eso "supervivo". ¡Qué suerte ser yo a veces!
Me tengo fe.
Porque al final, si tú mismo cambias lo que eres, nadie querrá quedarse.
miércoles, 2 de julio de 2014
martes, 1 de julio de 2014
Años.
A lo largo de todos estos años he escrito cosas que nunca debería de haber escrito, historias que me gustaría haber vivido y que simplemente he presenciado desde la distancia justa para observar y sentir la mejor de las envidias.
Le he escrito relatos a personas que no se merecían ni, si quiera, la más ínfima de mis palabras. Vocablos llenos de sentimientos que en muchas ocasiones, he de admitir, también intenté usar como puñales. Tengo la firme seguridad y la total tranquilidad de que ninguno hirió de muerte a ningún corazón.
Y eso me fastidia.
Con el paso del tiempo he aprendido a leer a quien sabe escribir, no como yo. Y a escuchar a quien sabe de lo que habla. Más o menos como yo, que hablo muy poco.
He comprendido la importancia de los errores y los aciertos; la jodida realidad de que cuantas más veces aciertes más fácil te quitarás de encima a quienes no te quieren de verdad cuando te vean errar.
Me han enseñado a escuchar a quien tiene algo que decirme y a observar. Especialmente a observar(te)
Pero sobre todo he aprendido a leerme. A verme aquí, en cada palabra, en cada relato... Y he sabido quedarme conmigo mismo, a pesar de todo. A pesar de mis "faltas de ortografía", de mi inconsistencia verbal para/con quien no se merece tales arrebatos.
Y me quedaré conmigo mil veces más, porque nadie sabría sacarle tanto partido a este error con patas.
Le he escrito relatos a personas que no se merecían ni, si quiera, la más ínfima de mis palabras. Vocablos llenos de sentimientos que en muchas ocasiones, he de admitir, también intenté usar como puñales. Tengo la firme seguridad y la total tranquilidad de que ninguno hirió de muerte a ningún corazón.
Y eso me fastidia.
Con el paso del tiempo he aprendido a leer a quien sabe escribir, no como yo. Y a escuchar a quien sabe de lo que habla. Más o menos como yo, que hablo muy poco.
He comprendido la importancia de los errores y los aciertos; la jodida realidad de que cuantas más veces aciertes más fácil te quitarás de encima a quienes no te quieren de verdad cuando te vean errar.
Me han enseñado a escuchar a quien tiene algo que decirme y a observar. Especialmente a observar(te)
Pero sobre todo he aprendido a leerme. A verme aquí, en cada palabra, en cada relato... Y he sabido quedarme conmigo mismo, a pesar de todo. A pesar de mis "faltas de ortografía", de mi inconsistencia verbal para/con quien no se merece tales arrebatos.
Y me quedaré conmigo mil veces más, porque nadie sabría sacarle tanto partido a este error con patas.
viernes, 6 de junio de 2014
Jodido
Se me ha metido algo en el ojo,
y no quiere salir.
Parece ser tu reflejo.
Que jodido,
Parece ser tu reflejo.
Que jodido,
verte cada día.
Y estar sin ti.
Cambio mis costumbres,
Cambio mis costumbres,
para no estancarme.
Como lo hice contigo.
Te quise, hasta sangrarme.
Como lo hice contigo.
Te quise, hasta sangrarme.
Y desvariarme.
Como el loco entre rejas,
sin ellas.
Me supera la madrugada
Como el loco entre rejas,
sin ellas.
Me supera la madrugada
y solo tengo un chute,
guardado está en el cajón.
Sabe agrio, me encoge los hombros
Sabe agrio, me encoge los hombros
y me está machacando el corazón.
Como lo hiciste tú,
Como lo hiciste tú,
sin martillos.
Se me ha metido algo en el pecho,
Se me ha metido algo en el pecho,
y pretende quedarse.
Parece ser odio.
Que jodido,
Parece ser odio.
Que jodido,
querer sentir indiferencia.
Y sentirte más a ti.
Hablan de reacciones químicas
Y sentirte más a ti.
Hablan de reacciones químicas
sobre los sentimientos,
y qué puñetas sabrán ellos
de como me evaporo,
cuando pienso en tu sexo.
Se me ha posado alguien en la cama,
y quiere trasnocharme.
Parece tener un nombre.
Parece tener un nombre.
Que jodido,
mirar su DNI.
Y que no lleve tu apellido.
lunes, 12 de mayo de 2014
Incertidumbre
Aquello fue lo que les hizo quedarse el uno al lado del otro.
La incertidumbre de no saber qué puñetas pasaría el día que ella no sudase esas sábanas. La incertidumbre de no volver a conocer una piel que resbalara como resbalaba la suya por su espalda.
Provocaba nuevas miradas cada mañana, como si no se conociesen, como si cada día tuvieran la necesidad imperiosa de volver a enamorarse.
Como si no se conformasen con conocerse a fondo. Ellos querían olvidarse para recordar cada noche como quererse de verdad.
Sabían que la rutina les iba a hacer daño y que el tiempo nos acomoda en los brazos de alguien provocando que algún día las extremidades, y el corazón, flaqueen.
Y murieron abrazados.
Por la incertidumbre de no pisar el infierno juntos.
La incertidumbre de no saber qué puñetas pasaría el día que ella no sudase esas sábanas. La incertidumbre de no volver a conocer una piel que resbalara como resbalaba la suya por su espalda.
Provocaba nuevas miradas cada mañana, como si no se conociesen, como si cada día tuvieran la necesidad imperiosa de volver a enamorarse.
Como si no se conformasen con conocerse a fondo. Ellos querían olvidarse para recordar cada noche como quererse de verdad.
Sabían que la rutina les iba a hacer daño y que el tiempo nos acomoda en los brazos de alguien provocando que algún día las extremidades, y el corazón, flaqueen.
Y murieron abrazados.
Por la incertidumbre de no pisar el infierno juntos.
viernes, 2 de mayo de 2014
Noches
Esa irónica e incontestable verdad de que la noche despierta muchas más cosas que el resto del día. Esa sensación de que por la noche eres siempre más tú que en cualquier otro momento, el placer de encontrarte a oscuras y sin necesidad de velas ni luz artificial.
Que el sol está de puta madre, pero la noche es otra historia.
Te dan ganas de abrazarte a todos tus recuerdos, incluso los que pinchan. Los que clavan. Los que te sangran. A veces echar alcohol en la herida es la manera más rápida de cerrarla, y más dolorosa.
Por la noche nunca olvidas, ¿o no te pasa que te vienen a la cabeza, o al corazón, cosas que debiste hacer? Está demostrado; la noche es el momento más jodido si quieres olvidar algo.
Y reniega de aconsejar. Cuando te despiertes, el 80% de todos los consejos que sueltes por tu ilusa boca los vas a necesitar. Y te lo adelanto; no tendrás cojones para aplicártelos.
Y se te irá la vida en cada puta madrugada que pases a solas, porque hace demasiadas mañanas que alguien no te da los buenos días. Ni los malos. Ni nada, hace demasiadas mañanas que no te dan nada.
Hay demasiadas noches que echas de menos.
Que el sol está de puta madre, pero la noche es otra historia.
Te dan ganas de abrazarte a todos tus recuerdos, incluso los que pinchan. Los que clavan. Los que te sangran. A veces echar alcohol en la herida es la manera más rápida de cerrarla, y más dolorosa.
Por la noche nunca olvidas, ¿o no te pasa que te vienen a la cabeza, o al corazón, cosas que debiste hacer? Está demostrado; la noche es el momento más jodido si quieres olvidar algo.
Y reniega de aconsejar. Cuando te despiertes, el 80% de todos los consejos que sueltes por tu ilusa boca los vas a necesitar. Y te lo adelanto; no tendrás cojones para aplicártelos.
Y se te irá la vida en cada puta madrugada que pases a solas, porque hace demasiadas mañanas que alguien no te da los buenos días. Ni los malos. Ni nada, hace demasiadas mañanas que no te dan nada.
Hay demasiadas noches que echas de menos.
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