martes, 5 de agosto de 2014

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Hay un reloj en el salón que no marca la hora, un sofá que hace tiempo que no acoge el cansancio de ningunas piernas y un recibidor que se cansó de ver más despedidas que reencuentros.

Hay varios cuadros, contienen fotos desgastadas y dichosas de ser observadas por alguien durante más de cinco segundos.
Les gustaría decir tanto...
Les escucharía con el corazón abierto.

Está el interruptor que siempre apaga la luz que no quiero y enciende la de mis miedos. Les enseña el camino para llegar hasta mi y no dejarme dormir.

En mi cuarto hay ropajes de otra época, medallas, un par de cuadros y algún recorte de periódico que hablaba de un niño que marcaba goles. Hizo bien cuando eligió no crecer. Lo echo de menos.

En la habitación de al lado hay retales de un valiente al que los cobardes un día en el pasado atizaron. Como atiza la razón, hoy día, al intolerante que no ve más allá.

Y en la alcoba descansa desde hace tiempo una flor que no marchita.

Es la más bonita.

Me mira y me dice que ese niño de los periódicos ahora no marca goles, pero gana campeonatos y ha sabido pegar todos sus trozos para seguir de pie. Y me recuerda que si caigo ella sabrá amortiguarme.

Es la más bonita.


En el resto de la casa hay varias huellas, un par de lágrimas impregnadas en las paredes y risas en formato podcast.


Está lo que hubo y preparada para acoger lo que un día habrá.

miércoles, 30 de julio de 2014

Más/Menos

Se ven más "valientes" cubriéndose el rostro que "cobardes" a corazón descubierto y, claro, así pasa después; las balas matan a los que son plena autenticidad.

Hay tios, como yo, que hacen que un par de palabras colocadas en el sitio correcto suenen bien, pero que les tiembla el pulso y tartamudean si las manos de 'la mujer' le rozan la piel. 

Se ven más mujeres buscando imitar historias ficticias que queriendo escribir la suya propia, y resulta triste. 

Más hombres preocupados de las braguetas que bajó la mujer de la que está enamorado que de conseguir que la última que baje sea la suya. 

Se ven más estrellas observándonos a nosotros que viceversa.

Se ven más lágrimas en caminos de vuelta que sonrisas en las idas. 

Se ven menos niños en las calles. Menos zapatillas cubiertas de fango y menos heridas por el rofe.

Se ven más corazones nómadas, quizá por esta razón también nos llaman la generación perdida.


Ya no hay quien cojones encuentre su corazón adecuado para morir. 

jueves, 24 de julio de 2014

Tan

Tan aficionado a los relatos cortos, que a veces solo me bastan dos palabras para escribir un libro. Tan fanático de la brevedad como afiliado a la sinrazón.
Tantos días siendo hielo para que llegue el invierno y cause grietas por todas partes.
Tanto tiempo sosteniendo corazones que se me olvidó que el mío pendía de un hilo fino y escaso como mis esperanzas.
Soy fuerte. Lo sé. O eso me dicen algunos.
Pero el hastío lo es más.
Tan aficionado a las películas que se me olvida que solo duran dos horas y yo en tan poco tiempo no soy capaz de demostrarte que soy el ideal para ti. Ni yo, ni nadie.
Tan acomplejado que sonrío de espaldas y, en muchas ocasiones, sólo por dentro.
Pero, sin embargo, tan bajito que mi centro de gravedad me mantiene erguido a pesar de las continuas hostias que me quiere dar la vida. Tan bohemio que mis prisas se las llevó la marea y ahora solo espero a que caiga el sol

lunes, 21 de julio de 2014

Poetas

No entiendo al poeta, a ese incansable ser humano que sangra cada vez que escribe a quien quiera que le haya hecho mil pedazos el corazón.
Y la cabeza.
Y los ojos.
Y las manos.

Porque te hacen trizas.

No entiendo lo bonito que suena el desamor, lo bonito que se ve la historia de chico conoce a chica, chico se enamora de chica, hacen el idiota y. al final, uno de los dos muere. Suena bonito y es más común de lo que la gente se piensa.
En una sala proyectada queda precioso.
Y en otros corazones.
En el de uno mismo queda horroroso.

Al final de las historias siempre hay alguien que muere, o a la mitad. El chico que deja de ser el que conquistó a la chica, por ejemplo. El chico que quiere que la chica deje de ser aquella de la cual se enamoró, tal vez.
Eso es morir de amor, no reconocer al que tienes al otro lado de la cama. O al que miras al espejo.

Perderte.

Perderle.

No entiendo al poeta que sobrevive de sus poesías.
Es clavarte un puñal cada vez que te lees.
Y que la ves.
Porque siempre la ves.
Quizá les escriben poesía porque es la única forma de sentirlas y hacer el amor con ellas.

Ellos son así, están locos. Por eso nadie los entiende. La gente solo lee sus poemas, los dedica y se llevan los besos.


Y del poeta nadie se acuerda cuando se cierra el libro y se deshacen las sábanas.

miércoles, 16 de julio de 2014

Inevitable

Siempre la ves, en cada palabra que escribes la ves.
Y la echas de menos.
Y te rompes.
Y te sientas a intentar recordarte a ti mismo que es una causa perdida echar de menos un corazón que no bombea sangre por ti.
Quizás algún día lo hizo, pero ya no.

¿Pero qué puedes hacer?

Nadie te ha dado clases de evitar lo inevitable, a lo mejor por eso hay cosas que pase el tiempo que pase lo siguen siendo.
Porque nadie ha tenido los bemoles de evitarlas. Ni la paciencia. Ni el corazón. Nada.

Ella sabe que la quieres. Y que probablemente no tenga cerca otro corazón que la abrace como la puede abrazar el tuyo. Bueno, a ti tampoco te tiene cerca pero, aún así, lo estás.
Aunque no quieras estarlo.

Y escucharás a valientes hablar del olvido y de las mil maneras para deshacerse de un recuerdo plano e inútil que actúa como metástasis por todo tu organismo. Esos valientes que son los cobardes que se ahogan en otras faldas.
Te va a seguir rompiendo, porque no hay operación que valga. Porque nació en tu pecho y ahora te fallan hasta las piernas si piensas en ella.

Seguirás viéndola en cada palabra, en cada borrador, en cada rima, en cada falta de ortografía...

Hasta que aparezca otra que se convierta en tu inevitable.