Imprescindible suprimir el daño recibido para querer bien.
Para querer bonito.
Nadie debe tragarse los restos de quien no supo.
Es mirar a sus ojos como una nueva historia, como si volvieras a nacer.
Caer y levantarse.
Creer y decepcionarse.
Nadie debe ponerte vendas, ni tiritas. Nadie debe curarte. Salvo tú mismo. Por el riesgo de meter el dedo en la yaga y escocer muy dentro. Muy fuerte. Tanto que empieces a ver en sus ojos una vieja historia.
Sánate tú la herida y que pueda acariciarte sin miedo a rozar la cicatriz, sin miedo a levantar la costra.
Suprime el daño, pero no la lección.
Ni la lesión.
Excluye aquel abrazo vacío de tu piel y despréndete de las escamas.
Y ama. Ama bien.
domingo, 17 de mayo de 2015
miércoles, 6 de mayo de 2015
Mirando Al Mar
A veces me siento mirando al mar,
o a las estrellas,
o a los ojos que no me dejan dormir.
Y me pregunto si hago bien estando ahí,
o si sería mejor estar bailando con otras faldas.
Rompiendo algún corazón,
o dejando que otra me lo rompa a mi
para olvidarme de ti.
Y sentado jugando con la arena de la orilla dibujé tu nombre
y recordé aquel silencio.
El de tu corazón.
Cuando tu sinrazón se llenó de rabia,
cuando viste gigantes donde solo había molinos.
Nunca quisiste quedarte
pero tu pecho entró en ebullición
cuando yo estuve a punto de marcharme.
A veces me siento mirando al mar,
o a las estrellas,
o a las manos que tengo a mi lado.
Y me recuerdan que el silencio lastima.
Daña.
Y que, definitivamente, hablar de más
y decir de menos,
nunca fue la mejor opción.
o a las estrellas,
o a los ojos que no me dejan dormir.
Y me pregunto si hago bien estando ahí,
o si sería mejor estar bailando con otras faldas.
Rompiendo algún corazón,
o dejando que otra me lo rompa a mi
para olvidarme de ti.
Y sentado jugando con la arena de la orilla dibujé tu nombre
y recordé aquel silencio.
El de tu corazón.
Cuando tu sinrazón se llenó de rabia,
cuando viste gigantes donde solo había molinos.
Nunca quisiste quedarte
pero tu pecho entró en ebullición
cuando yo estuve a punto de marcharme.
A veces me siento mirando al mar,
o a las estrellas,
o a las manos que tengo a mi lado.
Y me recuerdan que el silencio lastima.
Daña.
Y que, definitivamente, hablar de más
y decir de menos,
nunca fue la mejor opción.
lunes, 27 de abril de 2015
Mira
Mira las huellas de los que aquí se revolcaron.
Mira la arena que suave yace,
que tersa se queda cuando llega la marea.
Mira la espuma como impregna los granos,
como se cuela en nuestros dedos,
como enfría nuestra sangre.
Mira la marea, como va y viene.
No se queda con la Luna, ni permanece sin ella.
Mira el viento como la mueve.
Como la acaricia.
Me recuerda a mi.
Sin ti.
Mira la fuerza de esa ola,
que rompe el acantilado.
Y caen rocas. Mira como se ahogan.
Me recuerdan a alguien.
Sin mi.
Mira la arena que suave yace,
que tersa se queda cuando llega la marea.
Mira la espuma como impregna los granos,
como se cuela en nuestros dedos,
como enfría nuestra sangre.
Mira la marea, como va y viene.
No se queda con la Luna, ni permanece sin ella.
Mira el viento como la mueve.
Como la acaricia.
Me recuerda a mi.
Sin ti.
Mira la fuerza de esa ola,
que rompe el acantilado.
Y caen rocas. Mira como se ahogan.
Me recuerdan a alguien.
Sin mi.
lunes, 20 de abril de 2015
Te aprendí
Me sentí como el adolescente,
al que le brindas unas manos
para usarlas como lápices
y me brindaste tu cuerpo
como libreto virgen.
Tu cama fue el pupitre
donde calqué tu figura.
Y te aprendí despacio,
como dictan los maestros
que deben hacerse las grandes cosas.
Y así fui memorizando cada resquicio,
cada escondrijo de tu piel.
Cada centímetro de tu silueta
calcada en mi memoria,
a fuego.
Y te aprendí,
como se aprenden las cosas
que nunca se olvidan.
Te grabé dentro
como se graban los recuerdos
que nos mantienen vivos.
Te aprendí
sin la intención de olvidarte.
miércoles, 8 de abril de 2015
Borradores
Setenta y seis borradores para encontrar el cuento perfecto.
O el adecuado.
Uno con el que pueda dormir,
o soñar,
o mirarte,
en el que yo siempre sea el malo.
Que no tenga final feliz, ni final, ni secuela, ni mierdas,
que no acabe.
El camino.
Y que cada noche después de leerlo se me olvide como su vida al pez, para sentirme virgen cada vez que me rozas.
O el adecuado.
Uno con el que pueda dormir,
o soñar,
o mirarte,
en el que yo siempre sea el malo.
Que no tenga final feliz, ni final, ni secuela, ni mierdas,
que no acabe.
El camino.
Y que cada noche después de leerlo se me olvide como su vida al pez, para sentirme virgen cada vez que me rozas.
Cada vez que me miras.
Y que ella vuelva a arroparme,
que me hable de aquel muchacho,
que hace tiempo que no ve;
Me lo chivó a escondidas
una noche de abril,
que echaba de menos al niño de aquel portal.
Que hace tiempo se fue,
que ya no está,
ni se le espera.
Al contrario que el hombre,
que hoy es,
que te espera sin saber porqué.
Queriéndote.
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