martes, 7 de julio de 2015

Méritos

Mira la noche, que bonita está,
y otras por ahí desaprovechando estrellas,
eligiendo nubes con lluvia,
horizontes sin mar,
y caricias vacías.

Siento paz cuando me apoyo en mi muro y miro al cielo,
nadie puede romperlo.

Nadie. 

Y tú, menos.

Cuantos hombres renegando por mujeres como tú,
descuidando a verdaderas 'princesasreinasocomoquierascatalogarlas'.

Que son más bonitas por dentro.

Se moja mi ojo izquierdo, 
no eres tú, soy yo.

Me merezco un corazón más bonito con el que reír. 

Y llorar, 
y ver pelis enrollados en una manta,
haciendo de cualquier día de la semana domingo.
Y que alguien nos venga a rescatar de debajo de las sábanas, si pueden. 

Merezco un corazón más fuerte con el que luchar de la mano,
con el que espantar miedos.

Quizás ese fue tu problema, solo sonreías por fuera,
y aunque preciosa,
por dentro te pareces más a Cruela.

Y a pesar de que el reloj ya casi ha dado la vuelta,
no, amor, no te mereces tener a tu lado un corazón como el mío.

Demasiado grande,
demasiado blando,
demasiado acogedor para alguien que no sabe acurrucarse. 


Y pasa frío, mucho. 
No mereces que nadie venga a rescatarte.

Te escribo
                 desde el amor
                                       que siento por ti.
                                             tú maltrataste.

jueves, 2 de julio de 2015

Paz

Ya hace tiempo que no salgo despavorido, aunque la situación comience a adquirir un color grisáceo propio del peor de los inviernos. De la peor de las lluvias.
Fue hace mucho la última vez que llovió aquí dentro, la última vez que tuve que recoger mis pedazos del suelo, barrer, colocar mis espejos que, aunque no reflejan lo más bonito de la casa, consiguen que me vea bonito por dentro.

Afuera llueve, por cierto.

Pero aquí dentro hace tiempo que escampó. Hay truenos, algunos relámpagos y, de vez en cuando, se funden los plomos y me quedo a oscuras. Pero, insisto, ya no salgo corriendo.

Abro los ojos, miro al techo y en ese momento se convierte en mi particular firmamento. Desde hace unos años siempre me acompaña una estrella y luego, además, tengo pequeños planetas donde he respirado el aire más puro posible.

Escucho los truenos y sonrío. No me asustan, no me sobresaltan.

Hay paz en mis sábanas.

Por fin hay paz en un universo que nunca quiso guerras.



martes, 2 de junio de 2015

Av Juan Andrés, 15

Nací entre lava y volcanes,
entre salitre y arena.

Me criaron los brazos y el calor
de mis padres,
de mis abuelos y tios.

Crecí entre tortas con mi hermano
e historias con mis amigos.

Y me dijeron que debía volar,
conocer otros lugares,
asaltar otras camas
y regresar.

Regresar mucho.

Regresar bien.

Me hizo mayor Madrid,
tanto o más como sus edificios.
Que no llega a ser New York,
pero desde la azotea de su CBA el vértigo te golpea,
mientras el viento te acaricia
y Madrid te parece un poco más bonita.

Derramé lágrimas que no oxidaban andenes,
y solté carcajadas.
Y, mejor, me las devolvieron a corazón abierto.

Me hizo mayor, Madrid.

Visité aquel número quince de la Av Juan Andrés
y te vi asomada en aquel balcón que te vio partir.

Sonreíste, me adivinaste grande.
Me adivinaste adulto.
Y me acariciaste, como nunca dejaste de hacerlo.

Me hizo mayor, Madrid.

Y tuve que regresar cuando ya no parecía tan bonita.

A casa, a sonreír en la orilla.
A dormir sobre la lava,
a caminar descalzo,
a saltar sin miedo.

Y, corazón, que se me escame la piel que todavía no anochece,

y la marea abraza bien.

viernes, 29 de mayo de 2015

Quiérete.

Quiérete.

Quiérete tanto que los demás quieran formar parte de tu historia de amor.

Quiérete, sobre todo, bien. Que los demás vean en ti un ejemplo a seguir.

Sonríe, valora los pequeños detalles de quienes decidieron quererte por encima de cualquier cosa. Tus padres, tus hermanos, tus amigos. Valora sus tirones de oreja, eso es amor del bueno. Cada consejo que te den, aunque no te guste escucharlo, significa un te quiero en toda regla. Ellos saben, a veces incluso mejor que uno mismo, de lo que somos capaces y harán todo lo posible para que afrontemos la vida siendo conscientes de ello.

Quiérete.

No les des las espalda, tiéndeles la mano. Escucha bien. Ellos a veces no necesitan palabras "mágicas" que sean la solución a sus problemas, simplemente necesitan un oído que les abrace. Y eso fortalece el amor, en todas su formas.

Quiere tus defectos. Sin ellos no eres. Cuídalos, no te olvides de que están ahí. Y que la persona que se atreva a quererte que sea valiente de verdad y te ayude a cuidarlos. Llegará el punto que los ame tanto que te echará de menos solo por ellos.

Quiérete tanto que no te hagan falta espejos para sentirte la persona más atractiva del mundo. Los guapos son guapos hasta que los miran por dentro y ahí es donde deben quererte. Dentro, muy dentro. Puedes llegar a ser precioso o un engendro. Todo depende de como cuides el interior de tu pecho. Y de tu cabeza, no te olvides de ella.

Ama tus razones. Son las que te han traído hasta aquí. Erróneas algunas, fatídicas otras. Salvadoras la gran mayoría. ¿Te acuerdas cuando cogiste aquel avión?

Quiérete, joder.

Aparta el rencor de tu vida. Y quiere. Abraza. Besa. Ve corriendo a tocar un timbre o tirar una piedra a una ventana. Ahógate en cervezas, o lo que tu mejor amigo quiera. Ríete. Ríete muchísimo. Que te duela la mandíbula. ¿Que tu sonrisa no es bonita? ¿Qué más da? Lo precioso es la carcajada. Y que te hagan reír es amor del bueno.


Y haz el amor. De cualquier forma, a cualquier hora. Con un mensaje, con una carta. Con un video, con una canción. Con lo que sea. Haz el amor, como nos enseñan los grandes poetas en sus libros. Aprende a leer la piel y a escribir sobre ella. Es lo que nos mantiene vivos.

Porque cuando alguien nos sabe leer la piel y aprende a escribirnos bonito, nos despierta el corazón.

Quiérete, anda.

Y hazlo bien.

domingo, 17 de mayo de 2015

Amor por omisión.

Imprescindible suprimir el daño recibido para querer bien.

Para querer bonito.

Nadie debe tragarse los restos de quien no supo.

Es mirar a sus ojos como una nueva historia, como si volvieras a nacer.

Caer y levantarse.

Creer y decepcionarse.

Nadie debe ponerte vendas, ni tiritas. Nadie debe curarte. Salvo tú mismo. Por el riesgo de meter el dedo en la yaga y escocer muy dentro. Muy fuerte. Tanto que empieces a ver en sus ojos una vieja historia.

Sánate tú la herida y que pueda acariciarte sin miedo a rozar la cicatriz, sin miedo a levantar la costra.

Suprime el daño, pero no la lección.

Ni la lesión.

Excluye aquel abrazo vacío de tu piel y despréndete de las escamas.

Y ama. Ama bien.