domingo, 17 de abril de 2016

Ella

Te lo digo.

Esa mujer me pone burro.

Y no son necesarias faldas cortas, ni escotes de vértigo.

Ni espaldas al descubierto.

Ella no necesita nada de eso para volverme loco.

Es solo su forma de hablarme, su manera de escucharme.

Y lo que lee.

Es mujer de intelecto.

Mucho más del que yo pueda llegar, si quiera, a imaginar.

Aprendo de ella hasta viéndola andar y como mira al frente.

Con la seguridad de ser tan fuerte y tan autosuficiente que no me necesita,

ni me necesitará nunca en su vida.

Pero me quiere en ella.

Y te digo algo,
no hay nada más bonito
que te quiera, sobre todo bien,
quien no te necesita.

Porque querer por necesidad es sencillo.

Lo hacemos a diario. Con todo. Todos.

Ahora piensa. Ahí está el error más grande del ser humano.

Querer un corazón porque lo necesitas en tu vida.

¿Y el tuyo?

Ella es mujer de intelecto.

Y sabe que no es mi corazón el que necesita para ser feliz,

porque ya nació con uno bien fuerte.

Ahora lo único que quiere es que le hagan reír.

Y sí, aunque no sé muy bien porqué, me ha elegido a mi.

martes, 5 de abril de 2016

57

Hay cincuenta y siete velas iluminando hoy el jardín de casa.

Felicitando a la estrella más brillante de mi firmamento su cumpleaños.

Cincuenta y siete rosas, sin espinas,
siendo la metáfora más acertada de su belleza.

Cincuenta y siete primaveras llenas de inundaciones,
de terremotos,
de huracanes.

Y en todos fuiste la heroína.

En todos luchaste valiente,
con capa,
sin ella.

Con superpoderes,
sin ellos.

Incluso después de decidir que ya era suficiente luchar con los pies en tierra firme.

Has seguido batallando desde ahí arriba,
amenizando los ratos libres con tus crucigramas
y sopas de letras.

Pero quizá lo más jodido del paso del tiempo,
de que hoy no soples ninguna vela,
de no tener ninguna rosa preparada para que tu puedas oler y disfrutar,
lo más jodido de todo esto
es que ya son más los cumpleaños que tengo que felicitarte mirando a las estrellas
que los que pude hacerlo desde los pies de tu cama.



V.IV.MCMLIX

miércoles, 30 de marzo de 2016

Ligero

Es como si la gravedad no me afectara como al resto de planeta, 
como si hubiera perdido los kilos de más que todavía se reflejan en el espejo.

Perderlos por dentro, me refiero.


Ya no cargo con su recuerdo, 
ni con el mío de su mano. 
No hay rencor por aquel dolor, 
ni rencillas por lo que pudo ser y alguien dinamitó.

Ahora camino más ligero, 
le sonrío más a las cosas mundanas que me pasan a diario y he dejado de pelearme con el destino por ser tan cabrón.

Realmente él solo me pone las piedras. 

El que se equivoca abrazándolas soy yo.

Es como si después de todo soltar el lastre significara dejar de mirarla a los ojos como nadie más lo hacía.



miércoles, 16 de marzo de 2016

Después de ti

Después de tu condena emocional,
de esa prisión sin barrotes que era tener tu olor en cada baldosa de casa,
en cada centímetro cuadrado de las sábanas
y esos mechones que se desprendían entre los cojines del sofá.

Después de mi exilio sentimental,
de huir de camas ajenas,
de repudiar cualquier piel que no fuera la tuya,
de faldas que nunca llegué a subir
y sujetadores que no supe desabrochar.

Después de todo esto llega mi recuperación moral.

Mi ego restaurado, aunque pequeñito. Ínfimo.

Pero me sirve, me da, me sustenta para vivir.

Ni músculos, ni sonrisa de anuncio. Y mi altura deja mucho que desear.

Después de nuestra tercera guerra mundial ya no nos quedó planeta.

No nos quedó mar,
ni montañas en las que recostarnos mientras anochecía.

Y quiero darte las gracias, 'amor'.

Por torpedear toda mi ciudad,
por resquebrajar los cimientos de mi vida.

Por ayudarme a descubrir un puto universo lejos de ti.

Ahora el aire no contamina, es puro.

Y la estrella que más brilla abraza estuosa todo mi alrededor.

lunes, 14 de marzo de 2016

Viceversa

De repente, un volantazo.

Que te lleva fuera de la carretera, que te introduce en el camino correcto.

¡Qué paradoja!

De repente una ola rompe en tus caderas,

y mis pantalones se quiebran por dentro

al mismo ritmo que mi pecho.

De pronto emerges,

floreces,

iluminas.

Y no marchitas.

Joder, ¡y no marchitas!

De repente el cristal empañado del coche,

y los dos sudando,

empapados,

sin taparnos.

Enfermamos el uno del otro,

y no,

no hay mejor tratamiento

que tú encima de mí

o

viceversa.