martes, 16 de agosto de 2016

Tu verdugo

Llegará un momento en el que el tiempo deje de ser tu aliado
y se convierta en algo más:
en el villano,
en tu enemigo,
en tu verdugo.

Llegará un momento en el que la puerta de tu hogar solo la abrirán tus manos,
y el sofá no abrazará otras pieles.

Y te preguntarás porqué.

Y quizá con el tiempo,
cuando éste sea el villano,
tu enemigo,
tu verdugo,
lo entiendas.

Solo quizá.

Mira que nos ha robado vida ese cabrón.

Porque le has dejado llaves,
tal vez,
a quien no entendía esta cerradura.

Pero, ojalá con el tiempo,
antes de que éste sea el villano,
nuestro enemigo,
nuestro verdugo,
no sea tarde,
y la cambies para siempre.




lunes, 25 de julio de 2016

Desierto emocional

Sí.

Sí, amor. Ando solo.

O, mejor dicho, ando en soledad. Que parece, pero no. Nunca es lo mismo.

Ando en soledad. Avanzo en soledad. Me quiero en soledad.

Limando asperezas conmigo mismo, con sonrisas selectivas. Por no espantar.

Podando las consecuencias de mis errores.

Aunque aquí hace tiempo que no florece nada.

He dejado de regar. Y el sol castiga.

He dejado de perseguir espejismos en este desierto emocional que se ha convertido el conjunto de huesos, vísceras y trastornos que llevan mi nombre y apellidos.

Sí, amor. Echo de menos tu sudor en mis sábanas.

Pero no a ti.

Nunca más a ti.

Sí, amor. Se puede echar de menos aquello que no quieres de vuelta.

Y sí, (des)amor.

Duele.


domingo, 10 de julio de 2016

¿Cuándo?

¿Cuándo acaba todo?

Quiero decir, ¿cuándo nos damos cuenta de que la persona que nos destapa por las noches arrebatándonos ese trocito de sábana(y algo más) ya no es la persona que queremos que nos arrope?

¿Acaso el final de todo llega cuando ya no nos hormiguea el estómago? Cuando comenzamos a sentir esos encuentros como algo mundano, y no como la salvación que supone verla a cinco centímetros de ti.

El silencio ensordecedor en esas cenas, o un paseo donde las manos no palpan piel, sino tecnología.

Ahí es donde debes comenzar a tener miedo.

Miedo, no a que termine esa historia.

Miedo a que esa historia termine contigo.

¿Me entiendes?

Cuando ese miedo aparece nos volvemos fríos, nos parapetamos en una falsa creencia auto-impuesta de que estamos solos porque nadie nos sabe querer.

Nadie. También nos incluye a nosotros.

Porque si hay algo de lo que uno nunca debe de olvidarse es, precisamente, de quererse bien.
De quererse bonito.
De quererse fiel.

viernes, 3 de junio de 2016

Apaga las velas

Un día te desvelas, miras el reloj y te das cuenta de que es demasiado temprano. Las calles todavía duermen iluminadas por la luz artificial y el silencio se apodera de las carreteras. Intentas conciliar el sueño pero lo único que consigues es que aparezcan, de pronto, muchas cuestiones que de golpe sacuden la paz interior que tantos meses te ha costado lograr. 

No hay guerras, no hay bombardeos, no hay trincheras. Simplemente tienes frente a ti varios caminos por los que transitar en tu futuro más próximo. Y debes elegir.

No resulta nada nuevo para ti, ya has estado en esta situación y has tomado las decisiones correctas. Aunque, en alguna ocasión, habías optado ciegamente por un sendero sin tener bien claro que serías capaz de atravesarlo. 

Pero lo lograbas, siempre lo lograbas. Al fin y al cabo, todas esas manos que te ayudan son una buena base donde apoyarse. Siempre has sido un tío con suerte en ese sentido, y nunca entenderás porqué. 

De todos esos caminos que aparecen, hay uno que parece bastante arduo. Pero excitante. Muy excitante. Y tú ya sabes que no eres muchacho de rutinas. Que te aburres fácilmente, que necesitas algo que te mantenga vivo, que te mantenga alerta. Da igual lo que cueste, lo duro que sea, mientras te exprima y saque lo mejor de ti estarás completo. Realizado. Y la meta es algo que ni si quiera oteas. Solo te centras en el camino. 

El camino, lo importante que es disfrutar de las vistas y lo mal que lo hacemos los seres humanos en afanarnos con llegar de cualquier manera y cuanto antes. Todo rápido y mal. 

Por todo esto y aunque me cueste, esta será, probablemente, la última entrada de este blog en bastante tiempo. No lo cerraré, no lo perderé de vista y seguro que se irá llenando poco a poco de borradores 'apilados' en su memoria que algún día verán la luz. 

Pero quiero ponerme a prueba, quiero medirme a mi mismo y, como pasa con los estudiantes y algunos trabajadores(como yo) que abandonan su nido para labrarse un futuro por un tiempo, necesito levantar los pies del suelo.

Desplegar las alas... ¿Y si caigo?

"Ya nos recompondremos". :)

viernes, 20 de mayo de 2016

Reseteo carnal

Desmemorizar a mi piel,
desmembrarla.

Escamarla,
borrar el rastro de la tuya impregnada en mi epidermis.

Fumigar todo el sudor que absorbieron mis poros
hasta que no quede nada.

Resetear mi piel.

Aprender de cero a acariciar,
a coger unas manos sin púas,
sin clavos.

Quitarle el miedo a mis piernas para que vuelvan a confiar y no tiemblen.
Que vuelvan a entrelazarse bajo las sábanas sin pavor.

Reseteo carnal.

Tu olor que mana de cada herida que sufro,
que me devuelve a los infiernos
que me bota al suelo
y me revuelca
y me desangra.

Tu olor mezclado con el suyo.

Sin dejar que me empape de sus abrazos.

Desmembrar mi piel,
hasta la última de sus capas.

Y terminar desnudo.
Con una piel joven,
brillante,
intacta,
sin heridas.

Dispuesto a sangrar, de nuevo.

Dispuesto a sangrar, ahora, por otros huesos.