No te desvíes.
Porque te harán creer que este no es el camino. Porque no es el que suele tomar el resto de la gente.
Hay atajos.
Pero no te desvíes.
Te dirán que ahorrarás tiempo y,
joder,
no hay mejor herramienta para crecer que el paso irremediable de los días
de los años
y de los daños.
Frente a ti un muro
y a tu espalda el abismo de lo que ya no se puede enmendar.
Como una metáfora de que lo que rompes
da igual como lo vuelvas a pegar,
que, aunque midas milimétricamente cada trocito, siempre quedarán grietas por donde se cuele el aire,
el frío,
los recuerdos
y el dolor.
No te desvíes.
Vas a perder.
Vas a perder muchas cosas en el camino. Vas a perder brazos, abrazos, corazones y razones.
Pero
te
no
desvíes.
Porque hay una sola cosa que no puedes perder
y te va a resultar obvio después de todo;
a ti mismo.
Observa tus heridas. Tal vez ellos no las tienen.
Pero ahora tómate un segundo.
Y observa tu corazón.
Ese, ese seguro que ellos no lo tienen.
viernes, 16 de agosto de 2019
miércoles, 31 de julio de 2019
Tiempo
Te rompiste en mil pedazos.
Los dejaste esparcidos por el suelo.
La gente se echó las manos a la cabeza, te señaló por los daños colaterales.
Te juzgaron.
Pero la vida tiene estas cosas, el tiempo pasa. No espera. No frena. No se detiene.
Y los daños colaterales dejaron paso a la esperanza. Y los pedazos ya han vuelto a su sitio. Nadie te señala después de la resurrección.
La partida que rescató un alma cuando todo el mundo pensaba que la destrozaba.
Y no hay nada que aplaudirte, como tampoco hubo nada que reprocharte; pero eso sí lo hicieron.
La fea manía de los tópicos impuestos que nos dictan que solo podemos mirar el siguiente paso que damos, sin entender que haciéndolo siempre así, cuando estés en el precipicio, ya será demasiado tarde.
Los dejaste esparcidos por el suelo.
La gente se echó las manos a la cabeza, te señaló por los daños colaterales.
Te juzgaron.
Pero la vida tiene estas cosas, el tiempo pasa. No espera. No frena. No se detiene.
Y los daños colaterales dejaron paso a la esperanza. Y los pedazos ya han vuelto a su sitio. Nadie te señala después de la resurrección.
La partida que rescató un alma cuando todo el mundo pensaba que la destrozaba.
Y no hay nada que aplaudirte, como tampoco hubo nada que reprocharte; pero eso sí lo hicieron.
La fea manía de los tópicos impuestos que nos dictan que solo podemos mirar el siguiente paso que damos, sin entender que haciéndolo siempre así, cuando estés en el precipicio, ya será demasiado tarde.
martes, 18 de junio de 2019
La vida jode
La vida, sabes.
Nos pasamos la infancia escuchando como defendernos de los que nos hace daño,
como afrontar las caídas,
como encajar los golpes,
salta,
esquiva,
levántate que desde el suelo no se puede luchar.
La vida, sabes.
Pero no nos enseñaron a afrontar despedidas,
a tener que vivir sin abuelo,
sin mamá.
'No le hables de la muerte, que es demasiado pequeño'.
Y a los tres años ya miraba las estrellas buscando cuál era la que más brillaba.
La vida, joder.
Siempre buscando respuestas en el cielo, en las estrellas, en la luna. Porque el ser humano evita hablar de lo que duele.
Solo lo hacemos después. Cuando el daño está hecho y las palabras solo pueden ser un falso bálsamo que alivie la pena.
La vida jode.
Sin coma. En primera persona.
La vida hace daño y no nos preparan para eso de pequeños.
Porque debemos crecer y lo debemos hacer poco a poco.
Pero la muerte llega de golpe, corazón.
Mientras completas un estiramiento a mil seiscientos kilómetros de quien cierra los ojos por última vez.
Nos pasamos la infancia queriendo crecer, porque pensamos que nada se acaba, porque no nos enseñan a disfrutar de lo que un día vamos a perder.
Y lo sé, un niño debe crecer feliz sin tristezas que le agrien el corazón, pero si a mi me hubiesen avisado,
si a mi me hubiesen avisado
hubiera hecho pellas,
cogido un avión,
me habrían expulsado del colegio
y el último abrazo que no di
no sería hoy un anhelo.
Nos pasamos la infancia escuchando como defendernos de los que nos hace daño,
como afrontar las caídas,
como encajar los golpes,
salta,
esquiva,
levántate que desde el suelo no se puede luchar.
La vida, sabes.
Pero no nos enseñaron a afrontar despedidas,
a tener que vivir sin abuelo,
sin mamá.
'No le hables de la muerte, que es demasiado pequeño'.
Y a los tres años ya miraba las estrellas buscando cuál era la que más brillaba.
La vida, joder.
Siempre buscando respuestas en el cielo, en las estrellas, en la luna. Porque el ser humano evita hablar de lo que duele.
Solo lo hacemos después. Cuando el daño está hecho y las palabras solo pueden ser un falso bálsamo que alivie la pena.
La vida jode.
Sin coma. En primera persona.
La vida hace daño y no nos preparan para eso de pequeños.
Porque debemos crecer y lo debemos hacer poco a poco.
Pero la muerte llega de golpe, corazón.
Mientras completas un estiramiento a mil seiscientos kilómetros de quien cierra los ojos por última vez.
Nos pasamos la infancia queriendo crecer, porque pensamos que nada se acaba, porque no nos enseñan a disfrutar de lo que un día vamos a perder.
Y lo sé, un niño debe crecer feliz sin tristezas que le agrien el corazón, pero si a mi me hubiesen avisado,
si a mi me hubiesen avisado
hubiera hecho pellas,
cogido un avión,
me habrían expulsado del colegio
y el último abrazo que no di
no sería hoy un anhelo.
miércoles, 12 de junio de 2019
Desempatía
Pierdo la fe en el predominio de la bondad en los corazones de esta sociedad que, por sobrevivir, el único afán por el que luchan es para ver quien es más hijo de puta.
Quien lo tiene más grande. (El ego, claro).
Quien sufre menos.
Quien hace más daño.
Quien se rehace antes.
Pierdo la fe en la palabra de la gente,
también en la capacidad para escuchar de quien nunca se sumerge en un corazón que no sea el suyo.
Pierdo la fe en las miradas.
Ya no aguantan;
se desvían.
Miran al techo,
a un escote,
a un paquete.
Da mucho más vértigo unos ojos que unas curvas.
El brillo que deslumbra en el horizonte es la ausencia, cada vez más mordaz, más dolorosa, de la empatía.
Empatía.
Hasta el Word me corrige la palabra,
quizá sería más acertada la siguiente para describirnos;
desempatía.
Quien lo tiene más grande. (El ego, claro).
Quien sufre menos.
Quien hace más daño.
Quien se rehace antes.
Pierdo la fe en la palabra de la gente,
también en la capacidad para escuchar de quien nunca se sumerge en un corazón que no sea el suyo.
Pierdo la fe en las miradas.
Ya no aguantan;
se desvían.
Miran al techo,
a un escote,
a un paquete.
Da mucho más vértigo unos ojos que unas curvas.
El brillo que deslumbra en el horizonte es la ausencia, cada vez más mordaz, más dolorosa, de la empatía.
Empatía.
Hasta el Word me corrige la palabra,
quizá sería más acertada la siguiente para describirnos;
desempatía.
martes, 11 de junio de 2019
¿Infalibles?
Vivimos creyendo que estamos preparados para cualquier cosa,
porque las redes sociales nos hacen creer que somos invencibles.
Infalibles.
Mil 'likes' para cubrirnos de una invulnerabilidad ficticia.
Y no sabremos si somos capaces de nadar hasta que nos adentremos en la marea.
Y no sabremos si somos capaces de montar en bicicleta hasta que damos la primera pedalada.
Vas a tragar agua.
Se te va a meter por la nariz.
Te vas a agobiar.
Te va a faltar el jodido aire.
Pero no puedes dejarte hundir.
No puedes parar de aprender a agitar los brazos y las piernas.
Te vas a caer de la bici.
Te vas a raspar las rodillas.
Y sangrarás, porque no eres un superhéroe.
Porque, en la vida, la gente no busca superhéroes.
La gente necesita personas que le salven la vida,
que le salven el alma.
porque las redes sociales nos hacen creer que somos invencibles.
Infalibles.
Mil 'likes' para cubrirnos de una invulnerabilidad ficticia.
Y no sabremos si somos capaces de nadar hasta que nos adentremos en la marea.
Y no sabremos si somos capaces de montar en bicicleta hasta que damos la primera pedalada.
Vas a tragar agua.
Se te va a meter por la nariz.
Te vas a agobiar.
Te va a faltar el jodido aire.
Pero no puedes dejarte hundir.
No puedes parar de aprender a agitar los brazos y las piernas.
Te vas a caer de la bici.
Te vas a raspar las rodillas.
Y sangrarás, porque no eres un superhéroe.
Porque, en la vida, la gente no busca superhéroes.
La gente necesita personas que le salven la vida,
que le salven el alma.
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