martes, 15 de diciembre de 2020

Conquistas

Hacer "todo lo posible" para conquistar a alguien,
a veces,
se convierte en una traición anunciada.

En una mentira.

En una ristra de promesas que no vas a poder cumplir.

Porque esto no va de conquistas, ni de asedios.

Conquistar es una fusión sin pothalas,
dos seres que se reconocen al tacto,
al oído,
al sabor.

Es transitar su cuerpo sin GPS,
y que te de igual perderte.

Nunca te gustaron los rizos, pero jamás te bombeó tanta emoción como cuando te subes en su montaña de risas.

Conquistar no es querer robarle besos,
ni tiempo,
ni vida,
ni el corazón,

es multiplicar el que os queda por dos.

Conquistar su piel no puede significar una guerra, 
no debe haber armas,
ni trampas,
ni heridos,
y si hay alguna batalla que sea la de dilucidar quien lleva las riendas esta noche.

Por mí saco la bandera blanca
y dejo que seas tú
la que lleve el compás.


domingo, 6 de diciembre de 2020

Villano

Van a querer convertirte en el villano,

en el malo de sus historias,

sobre todo si has pasado por sus pieles,

por sus corazones,

o por sus mazmorras.

Sobre todo por sus mazmorras.

Porque conoces sus secretos, sus infiernos y sus cárceles emocionales que en más de una ocasión les impidieron avanzar.


Van a querer convertirte en el enemigo, 

a pesar de las palabras,

de la tinta,

y de las promesas.

Van a querer hacerlo porque hubo un día que decidiste seguir tus convicciones,

en lugar de las suyas.

Decidiste cumplir tus expectativas,

en lugar de las suyas.

Y lo conseguirán. 

Y para muchos serás el villano.

Y te dará igual.

Porque, al final, la almohada donde tú descansas cada noche es suave, blanda y callada.

Sólo te ronronea.

Van a querer convertirte en el villano y lo conseguirán.

Y llegará el día que sonreirás viéndote en sus carteleras,
comprendiendo que siempre,
la calidad de la historia,
dependerá
directamente
de la calidad de su

villano.

viernes, 16 de octubre de 2020

Carta a mi madre III

Diecisiete ya, mamá. 

A mí apenas me quedan ya letras, ¿sabes? Pero las pocas que tengo las guardo arropaditas, como si de un tesoro se tratase, para quienes de verdad quieran leer(me).

Ya desperdicié demasiada tinta, mamá. 

Y demasiada piel.

Diecisiete, mamá. 

Pero yo sé que este año es diferente, te noto más sonriente de lo normal. Supongo que ese abrazo reparador, del corazón y los ojos que te criaron, han hecho que ahí arriba bailen las estrellas.

Sigue bailando, mamá.

Aquí las cosas andan revueltas, pero estaremos bien.

Como siempre hacemos.

Como tú nos enseñaste.

Como siempre logramos.

Diecisiete, mamá.

viernes, 18 de septiembre de 2020

Carta a mi abuela

Hola abuela, ¿cómo te han recibido ahí arriba?

No veas lo contentos que estarán abuelo, Eduardo y mamá. 


Estoy seguro de que te echaban de menos, tanto como lo haremos nosotros a partir de ahora. 


Sé que, aun con tu memoria irreparable, esperaste a que todos nos pudiéramos despedir de ti. 


Como si esa fuera la última batalla que estabas dispuesta a librar.


Que todos tuviéramos la oportunidad de pedirte perdón y darte las gracias. 


Mira que superaste calamidades en la vida,  y yo no recuerdo escucharte una sola queja de lo dura que se estaba poniendo. 

Incluso en las despedidas, siempre abrías el paraguas y recordabas lo más importante de las personas que se marchaban; 


el amor que nos teníamos. 


Te marchaste como viviste:


Sin quejas, sin aspavientos. 


No te haces una idea de las enseñanzas que escondía tu vida,

ni de las que esconde tu partida.


Sobre todo en un momento como este.


Haremos lo que podamos aquí, abuela. 


Me tranquiliza saber que mamá no volverá a pasar frío allá arriba, 

que cogerás las estrellas y le harás una rebequita con el firmamento.


Descansa abuela, nosotros estaremos bien.


Te lo prometo. 

jueves, 27 de agosto de 2020

No(s)otros.

Hablemos de nosotros, sin nosotros. 


De como te has ido arrimando a hombres que nunca fueron más que conatos de un hogar que, todavía hoy, sigues buscando. 


De como he cerrado las puertas de mi corazón de par en par, 

por aquello de repetir errores que no estoy dispuesto a subsanar. 


Hablemos de ti, sin mí. 


De como has florecido tras el dolor y las ruinas. 


Hablemos de mí, sin ti. 


De como el tiempo me sonrió afín. 


Hablemos de nuestras razones, en detrimento de nuestros corazones. 


Que no, no siempre el amor todo lo puede. 


O sí. 


Si la solución es decir adiós a tiempo. 


Hablemos de nuestros corazones, que siguen latiendo gracias a nuestras razones. 


Desmitificando aquello de que no están unidos. 


Supongo que todos aquellos que dicen eso de que el corazón tiene razones que la razón desconoce, perdóname Blaise, es porque nunca ha hecho el esfuerzo de entender nuestros latidos. 


Y si algo hicimos bien los dos fue, precisamente, entender los latidos el uno del otro. 


Hablemos del futuro. 



Ojalá él sepa leer tus latidos.