martes, 11 de octubre de 2011

Aprendes

Aqui aprendes a no mirar a los lados, a mirar un punto fijo y seguir sin que nadie te interrumpa. Aprendes a esquivar obstáculos y a evadirte en tus pensamientos rodeado de muchísima gente. Comprendes que para echar de menos aquello has tenido que venirte y que, sin esa nostalgia, no te sentirias tan bien contigo mismo. Entiendes lo difícil que es avanzar teniendo esas manos que te ayudan tan lejos... ¡Pero las tienes! Aprendes que por un sendero sólo hay sitio para uno y que, de no acelerar, perderás una oportunidad valiosa para conseguir eso que anhelas. Aprender a vivir aqui es dificil, pero se aprende.. Y luego es mas fácil disfrutar de nuestra tierra.. Mucho más fácil..

martes, 6 de septiembre de 2011

Mientras tanto, en las nubes..


Había creido tanto en la invulnerabilidad, en lo eterno e infinito. Descuidé, ignoré y hasta desprecié lo que todos los días me esperaba al despertar.
Aunque lo vi marchar seguía sin percatarme de lo que significaba un vuelo de ese calibre, creía que todo avión regresaba a su destino. Y Pasó, atravesó aquella enorme Puerta de Hierro, para no volver.
Tentó y retó siempre a las piedras que se le interponian, destrozó tópicos y se hizo mito. Cuando no pudo más decidió irse para descansar y que los demás se eslomaran para mantenerse erguidos.
Se fue y poco a poco sentí que me quedaba solo. Siempre le guardé rencor a aquella ciudad que me arrebató mi tesoro, a mi abrigo, a mis empujones cuando no podia, a mis enfados, a mis tirones de orejas y mis: "!¿Tú la ves?!".
Y a día de hoy sigo teniendo cuentas pendientes con la ciudad donde el mar no se aprecia. No obstante, es un rencor sano, son ganas de resarcirme y de recuperar una parte de lo que un día me robaron.
Y es que, mientras sobrevuelo el país, me vuelvo a dar cuenta que sigues en todos lados. Quizás porque te empecinas en que haga las cosas bien, en que sea feliz de una puta vez.
Pero tranquila... Esa ciudad, por huevos, me hará grande. Mientras, no me olvido de los mios y les voy a visitar porque sé que, aunque sea solo un poco, hay gente que a mi también me echa de menos.


Un beso, un saludo y un abrazo de uno de tus pimpollos.

jueves, 14 de julio de 2011

Reloj

Veo que no has apartado la mirada de mi reloj. Bonito, eh? Exacto, pero está parado. No marca la hora y lo llevo como complemento. Para serte sincero me importa una mierda la hora que sea, el día que sea y lo tarde que llegue al trabajo, a una cita o simplemente que me despierte a deshora. Todo eso está sobrevalorado. Hay tantas cosas sobrevaloradas... Y el control del tiempo es una de ellas. Si, que está muy bien y que es necesario saber exactamente que hora es, cuanto nos falta para que llegue el momento de un para... o de un que... Pero gastamos mucho tiempo en mirar la hora y perdemos minutos, segundos básicos que luego echamos en falta cuando estamos juntos. Se hace tarde, dices mientras miras el reloj y te levantas. No, tarde será cuando amanezca.

viernes, 10 de junio de 2011

Me he olvidado


Me había olvidado de lo míseras y efímeras que resultan ser las promesas cuando uno promete más allá de su ombligo.
Me olvido por momentos que uno, en conjunto con otra persona, cambia con la facilidad con la que esta última empieza a olvidar porqué le empezó a querer.

Me he olvidado de compartir estrechos amaneceres, de tirar de la sábana en las madrugadas y de cocinar para dos.
Me he olvidado de inventar excusas, de esconder rosas y de escribir... Para ti.

Me había olvidado que no quieres sin querer, que quieres para crecer. Me había olvidado que no quiero a otro distinto al que soy y que, queriéndote, tendría que aprender a convivir con un desconocido.
Me olvido del tiempo, de la distancia y de los sueños. Me olvido de la valentía, del querer es poder y de los mil y un refranes que hay para los cobardes como yo. Lo olvido porque me interesa olvidar. Y no es que quiera, es que puedo.
Me planteé olvidar mis pasos andados y los tropiezos con segundas partes. Los pasos los olvidé. De los tropiezos no me interesa olvidarme. Y no es que no pueda, es que no quiero.


Estuve a punto de olvidarme de mí, a puntito...

domingo, 29 de mayo de 2011

Odio


Odio los lunes por la mañana.
Odio los domingos enteros y lo que tarda un viernes en llegar.

Odio las palabras que no dicen nada.
Odio el silencio atronador y los que no se callan cuando deben.
Odio la iglesia y su hipocresía barata.
Odio el sistema que nos sodomiza.
Odio al que se lucra de una catástrofe.
Odio al cobarde por no ser valiente y al valiente por no sentir pánico.
Odio al cobarde que finge ser valiente con un arma en la mano.
Odio al indeseable que se olvida que una mujer le dio la vida y las maltrata.

Odio los: "A ver si..." Y los: "Ojalá que..."
Odio el futuro porque todos los días usa un disfraz distinto y se cambia el apellido.
Y no soporto los: "Nunca lo conseguirás", los: "No eres capaz" o los: "No es para ti".
Odio lo efímero, aunque tampoco soporto las largas estancias.

Pero, sobre todo, odio lo frágil que es el ser humano. Lo ignorante que puede llegar a ser y que logre hacer complicado algo tan simple y tan necesario como sonreir.