El problema de leer es que hay historias que no quieres volver a repetir.
Finales que al revivirlos te revuelven las ganas de comenzar,
de abrir otras solapas,
de conocer otros autores,
de confiar en la literatura.
Poemas en los que siempre llora algún corazón,
duele ver artistas que siempre escribieron tristezas.
Y musas que nunca supieron leerse en sus líneas.
Por eso elegí escribir.
Ni poesía, ni novela.
Escribirme. A mi.
Solo a mi.
Y que así nadie espere bonitos finales,
ni bonitas segundas partes.
Joder, ¡ni relatos que merezcan la pena!
Pero yo siempre abro tu libro
y, espero, que en algún capítulo
tú dejes la calculadora a un lado
y me escuches cuando te grito,
de lejos,
que quiero quedarme a vivir
entre tus piernas.
Porque tú siempre fuiste de números,
y yo solo se escribir por tu espalda.
jueves, 26 de febrero de 2015
miércoles, 21 de enero de 2015
¿Miedo?
Hay que saber cerrar ventanas,
puertas,
incluso respiraderos.
Por eso de que la corriente
entre y te constipe el corazón.
Hay que deshacerse de abrigos viejos,
raídos,
con agujeros y grietas que permiten
que se cuele el pasado y se nos escape
lo que tenemos entre manos.
Es bueno aprender a mirar hacia delante,
y si hay miedos,
que sean ellos
los que huyan de ti.
domingo, 18 de enero de 2015
Frío
Te escribo desde el frío,
sin mantas,
sin calefacción,
helado por dentro.
Para que te duelan mis palabras,
para que no las quieras abrazar
y que te quemen,
sin rencor.
Por eso uso las madrugadas,
y apago las luces,
el corazón,
la razón
y tus recuerdos,
que un día fueron lo más parecido
al sol.
Te escribo destapado,
con poca ropa.
Desnudo.
Contigo, así era yo.
Y tú, amor, nunca, ni en olas de calor, te quitabas el edredón.
sin mantas,
sin calefacción,
helado por dentro.
Para que te duelan mis palabras,
para que no las quieras abrazar
y que te quemen,
sin rencor.
Por eso uso las madrugadas,
y apago las luces,
el corazón,
la razón
y tus recuerdos,
que un día fueron lo más parecido
al sol.
Te escribo destapado,
con poca ropa.
Desnudo.
Contigo, así era yo.
Y tú, amor, nunca, ni en olas de calor, te quitabas el edredón.
viernes, 16 de enero de 2015
Metáforas
Hace frío afuera, y hay niebla.
El metro está lejos y el cielo parece querer llorar.
¿Cuántas historias empiezan deshaciendo escarcha?
El metro está lejos y el cielo parece querer llorar.
¿Cuántas historias empiezan deshaciendo escarcha?
Como una metáfora en imagen de mi pecho.
Se levanta viento, veo algunas faldas,
no tantos principios como me gustaría,
y a un niño se les escapa su globo.
Esta metáfora lleva tu nombre, cariño.
En la guagua ya no hay abrigos,
ya no hay peso sobre los hombros,
ni atascos,
ni accidentes.
Cuando haces el kamikaze con tu corazón, el único que acaba besando el asfalto es uno mismo.
Se escucha música de un poeta con guitarra,
y se empaña el cristal.
He cerrado los ojos y le he respirado,
como si fuera tu cuello,
como respiro cuando no tengo prisa por llegar
y tú estás encima.
sábado, 22 de noviembre de 2014
Contratos
Me hablaste de contratos de
permanencia,
que sellan con un beso,
y se te olvidó el detalle,
de que mi vida tiene vacíos legales.
Como el de tu escote cuando te asomas buscándome.
Como el del final de tu espalda
que invita a cometer delitos
y que nos condenen a muerte.
¡Y qué muerte!
Si dejo de respirar cerca de tu trasero...
Me hablaste de contratos,
que se firman con sangre,
esa que sale del pecho
cuando unos besos no llegan.
Te hablé de las cláusulas
y de las mil formas para validarlas.
Como recorrer a besos desde tu cuello
al sur de tu ombligo
y permanecer ahí hasta que tus manos
vengan a rescatarme.
Me viniste con cuentos vitalicios,
como los de las princesas,
que buscan príncipes que nunca llegan.
Y es que,
hace tiempo corazón,
que mi color azul se esfumó.
permanencia,
que sellan con un beso,
y se te olvidó el detalle,
de que mi vida tiene vacíos legales.
Como el de tu escote cuando te asomas buscándome.
Como el del final de tu espalda
que invita a cometer delitos
y que nos condenen a muerte.
¡Y qué muerte!
Si dejo de respirar cerca de tu trasero...
Me hablaste de contratos,
que se firman con sangre,
esa que sale del pecho
cuando unos besos no llegan.
Te hablé de las cláusulas
y de las mil formas para validarlas.
Como recorrer a besos desde tu cuello
al sur de tu ombligo
y permanecer ahí hasta que tus manos
vengan a rescatarme.
Me viniste con cuentos vitalicios,
como los de las princesas,
que buscan príncipes que nunca llegan.
Y es que,
hace tiempo corazón,
que mi color azul se esfumó.
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