Ahora comienzo a entenderlo todo.
He necesitado casi catorce años para comprenderlo.
Para atar cabos
y apretarlos fuerte;
para eso de cortar la respiración a una relación condenada al olvido.
Condenada al olvido.
Al sangrado.
A la hiriente verdad de que él siempre fue ejemplo de lo que no.
Y yo crecí ciego.
Lo veía como un superhéroe,
mi figura,
ejemplo a seguir,
como cuidar unos hijos,
y a una mujer.
He necesitado casi catorce años para comprenderlo.
Que sí, sigues siendo ejemplo;
del camino que no debo seguir,
como no cuidar de unos hijos,
y, sobre todo, como no cuidar a una mujer.
Ella siempre fue la heroína.
Y lo será siempre.
He tardado casi catorce años para comprenderlo;
ella decidió irse.
No quiso seguir compartiendo vida con él.
Y no la culpo.
Es la acción más valiente que mi corazón ha presenciado.
Ahora comienzo a entenderlo todo,
me miro al espejo y veo mis errores, son la herencia que él me ha dejado.
He tardado casi catorce años para comprenderlo;
me miro por dentro, veo mis cicatrices y me observo de pie. Erguido. Fuerte.
A mi lado mi hermano, haciendo de bastón y espada;
Es la herencia que ella me ha dejado.
Gracias por seguir enseñándome.
viernes, 17 de febrero de 2017
sábado, 4 de febrero de 2017
Fugitivos
La de vueltas que nos ha dado la vida,
mareándonos,
haciéndonos devolver.
Perdiendo fe, ganas y paciencia.
La de vueltas que nos ha dado.
Hasta hoy; poniéndonos frente a frente.
Como si estuviera cansada de haberme mandado mensajes,
enamorándome de un paisaje,
de unas carreteras,
de un volcán,
y de un desayuno.
(Nos podemos enamorar de cualquier cosa)
Y no sé si culparle a ella de querer tus brazos como abrigo.
Quizás al destino por animarte a volar,
o a la suerte por hacerme tropezar con tus caderas.
La de vueltas que nos ha dado la vida,
y nos tiene aquí
fugitivos.
Fugitivos, salvo para los que saben traducir miradas... y suspiros.
mareándonos,
haciéndonos devolver.
Perdiendo fe, ganas y paciencia.
La de vueltas que nos ha dado.
Hasta hoy; poniéndonos frente a frente.
Como si estuviera cansada de haberme mandado mensajes,
enamorándome de un paisaje,
de unas carreteras,
de un volcán,
y de un desayuno.
(Nos podemos enamorar de cualquier cosa)
Y no sé si culparle a ella de querer tus brazos como abrigo.
Quizás al destino por animarte a volar,
o a la suerte por hacerme tropezar con tus caderas.
La de vueltas que nos ha dado la vida,
y nos tiene aquí
fugitivos.
Fugitivos, salvo para los que saben traducir miradas... y suspiros.
viernes, 20 de enero de 2017
Tus Lunares
De pronto el caparazón te quedó pequeño,
asomaste la cabecita,
estiraste las patas
y saliste a andar.
Pasito ligero, firme, sin prisas.
Solo tú sabías donde querías llegar; no te importaba cuando.
Me invitaste a ser partícipe de tu camino,
tropezar,
caernos,
levantarnos,
sacudirnos las cicatrices
y seguir.
Me dejaste apreciar tu desnudez; en todas sus vertientes.
Te posaste ante a mí sin ropa,
sin miedos,
sin complejos.
Y, ante eso, uno solo puede observar,
suspirar
y afrontar el reto que supone
el recuento im-posible- de todos tus lunares.
sábado, 3 de diciembre de 2016
De esos tipos
Yo era de esos tipos que salía corriendo
despavorido,
asustado,
de los que guardaba el coraje para otros asuntos
y me acongojaba frente a unas faldas.
Era de esos que evitaba los escotes,
miraba a los ojos
o a la esquina superior del cuarto
o a las nubes
o a ninguna puta parte.
Yo era de esos tipos.
Hasta que apareció ella.
Y ya no evitaba su escote,
seguía mirando sus ojos,
pero ahora contaba todos sus lunares
y me aprendí la gama de colores
de todos sus sujetadores.
Yo era de esos tipos que echaba a correr,
hasta que apareció ella
y empezamos a conjugar
ese verbo
deuna mejor manera.
la
despavorido,
asustado,
de los que guardaba el coraje para otros asuntos
y me acongojaba frente a unas faldas.
Era de esos que evitaba los escotes,
miraba a los ojos
o a la esquina superior del cuarto
o a las nubes
o a ninguna puta parte.
Yo era de esos tipos.
Hasta que apareció ella.
Y ya no evitaba su escote,
seguía mirando sus ojos,
pero ahora contaba todos sus lunares
y me aprendí la gama de colores
de todos sus sujetadores.
Yo era de esos tipos que echaba a correr,
hasta que apareció ella
y empezamos a conjugar
ese verbo
de
la
sábado, 26 de noviembre de 2016
¡AHORA!
Hemos estado tanto tiempo siguiendo reglas, actuando según dictan aquellos que no se enfundan nuestras pieles, que nos hemos olvidado de nosotros mismos.
De seguir nuestros instintos.
De saltarnos la vereda.
De atajar.
Hasta de perdernos. Joder.
Llevamos mucho tiempo caminando con una cuerda atada a la cintura, para que no nos salgamos del camino establecido.
De lo que debemos hacer.
De lo que no.
Del bien y del mal.
Llevamos demasiado tiempo imitando las vidas de otros, pudiendo hacer grandísimas cosas por nosotros mismos.
Y no te hablo de hacer historia y aparecer en los libros;
te hablo de no amedrentarse,
de no acongojarse,
de ahuyentar miedos,
fantasmas,
rencores,
y de arriesgar.
Sobre todo, arriesgar.
Rompe las reglas, las directrices.
Y ve a por lo que quieres. (Y mereces)
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