miércoles, 25 de julio de 2018

Apocalipsis emocional

¿Cómo reaccionamos cuando todo se desmorona? Cuando los pilares de tu vida se van destrozando y todo a tu alrededor comienza a arder, como una película de Hollywood de los noventa; llamas, escombros y cadáveres de emociones.  
¿Cómo reaccionamos al miedo de tener que abandonar un sueño, una meta, una vida? Cuando no encuentras la tecla, la clave, la llave, cuando la agonía se torna en desdén y agotamiento. Cuando el paso del tiempo solo es más que otro puñal que va de a poco introduciéndose en tu alma.
El final de todo. 

El comienzo de nada. 

Volver a empezar.

Un paso atrás, o veinte. 

Eutanasia moral. 

Antes de que el fracaso se haga quiste. Y se quede ahí, para recordarte que no pudiste. 

Que no fuiste capaz. 

Joder. 

Cuando lo tenías todo. 

Apocalipsis emocional. 

Como concepto de derrota.

Macro resurrección. 

Como concepto de volver a levantarse. 

Como concepto único y válido para resumir mi vida.

viernes, 29 de junio de 2018

Complejidad

Aquí y ahora.
Carpe Diem
Hacia atrás, ni para coger impulso.
Nos han metido eslóganes como estos en la cabeza, día a día, a golpe de publicidad, de populismo.
Y no.
Joder.
A veces ni es aquí, ni es ahora.
A veces, el momento hay que sufrirlo.
Y, en ocasiones, uno tiene que coger impulso para saltar los obstáculos que nos pone la vida en el camino.
Se nos va la vida creyendo en todo lo anterior, con las prisas, las presiones, la creencia de que la vida se nos escapa de entre los dedos. Pasamos por alto situaciones complejas que debemos comprender y, por lo tanto, pararnos a analizar. Cuanto más nos duela, más intentamos simplificarlo todo.
La gente quiere respuestas breves, explicaciones concisas. No quiere personas que se explayen, que vayan un poquito más allá de todo lo que ocurre.
Así uno nunca aprende.
Sí o no.
Bien o mal.
Guapo o feo.
Simpático o borde.
Y no.
Joder.
Disecciona el momento.
Analiza.
La vida la podemos hacer todo lo simple que queramos, pero no, no lo es.
Y hasta que no comprendamos esto último, seguiremos sin entender por qué la gente se agota, se rinde o se va.



jueves, 26 de abril de 2018

¿Justicia?

Que no te engañen, que no te mientan. Que no te vendan falsas promesas de que todo en esta vida es justo. Porque te darás cuenta de que no, de que la justicia dista mucho de ser ese páramo ideal donde violentos, machistas e indecentes pagan su pena allí donde nunca sale el sol, donde su alma se agriete y se pudra, por los siglos de los siglos.

Que no te engañen, que no te mientan. 

Que no te hagan creer que en pleno siglo XXI no existe el machismo, ni un sistema patriarcal que ahoga a la víctima, que la convierte en culpable y que protege al agresor. 

Que no nos mientan, joder. 

Que no lo llamen justicia. 

Que no nos engañen.

La justicia es débil, está perdida, diluida en los intereses de unos pocos que buscan acallar la revolución que supone luchar contra el machismo.

Que no nos callen. Sobre todo que no nos callen.

Que justicia será cuando tú, compañera, puedas salir a la calle sin miedo. Vivir sin miedo. Amar sin miedo. Emborracharte sin miedo. Salir de fiesta sin miedo. Recortarte la falda todo lo que tú quieras sin miedo. Volver a casa de madrugada sin miedo.


                               S I N   M I E D O.                                                     

Porque justicia será cuando nadie te vea como un objeto. Que ambos jueguen hasta que tú digas no y sea no de verdad, y ellos lo entiendan y lo acepten y lo respeten.

Joder.

Que te respeten.

Que no nos engañen.

La justicia es débil, está perdida.

Que no nos mientan.

La justicia está en nuestras manos, en nuestras palabras, en nuestro actos. La justicia de una sociedad que siente repulsa de que estas cosas sigan sucediendo y de que el sistema judicial no reparta la pena.

Como pena siento por un país como el nuestro.

Que no te engañen, compañera.


Yo sí te creo.

viernes, 16 de marzo de 2018

Carta a mi padre

Hola papá, hace ya mucho tiempo que no nos sentamos a charlar de cómo nos va, supongo que las meteduras de pata de ambos o, quizá, nuestra cabezonería hereditaria. A veces te echo de menos, y al hijo que fui cuando solo quería crecer.

Sé que no he sido el hijo perfecto, que tenías unas expectativas que nunca cumplí y que, tal vez, siempre fui más impulsivo que cabal. Pero es jodido crecer sin mamá.

Qué te voy a decir a ti, ¿no?

Sé que te arrolló el miedo, que el mundo se te vino encima. Es normal. Pero nosotros estábamos ahí, ¿recuerdas? Bajando aquellos escalones de Valterra, ahí te sostuvimos nosotros mientras nos temblaban las piernas y se nos reventaba el corazón. Nosotros estábamos ahí.

Créeme que he luchado durante todos estos años para enmendar mis errores, papá. Volví a Madrid, la ciudad que me lo arrebató todo, me prometí a mi mismo que me haría grande y lo conseguí.

Ahora intento rehacerme lejos de casa, pero un poco más cerca de mi hogar. Y lo estoy volviendo a conseguir.

Lo sé, papá, debí estar ahí para despedir a nuestro marinero. Pero hay guerras que uno debe librar en soledad, y yo me necesitaba a solas.

Pídele perdón a los tíos y los primos, por favor. Quizá nunca tenga vida para recompensarles.

A veces te echo de menos, y al niño que fui cuando solo quería crecer.

Ojalá hubiese conseguido cumplir aquellas expectativas.

Ojalá ese papá referente, valiente y siempre superhéroe, nunca se hubiese diluido.

Todavía lo busco en fotos.

Y como duele encontrarlo solo en ellas.

Adiós papá, ojalá la vida nos regale otra oportunidad de hacer las cosas bien.

Ambos.

Juntos.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Precipicios

El ser humano necesita los precipicios.

Necesita la adrenalina de sentir el vacío bajo sus vísceras, la sensación de estar a punto de caer.

El ser humano necesitas las balas,
los puñales,
las heridas,
la sangre.

Para volver a sentir dolor y, con él, que sigue vivo.

El ser humano necesita la pérdida, la partida, el abandono.

Necesita que le hagan trizas el corazón, para recordar que tiene uno,
y que debe cuidarlo.
Mimarlo.
Fortalecerlo.

El ser humano necesita las cicatrices.

Las necesita para tener presente todas las hemorragias emocionales de su historial.

El ser humano necesita los precipicios,
para caer y levantarse
o para saltar
y echar
a


  v
   o
    l
     a
       r