jueves, 17 de enero de 2019

Deshielo

He de admitir que en mi deshielo emocional
rompo en llanto tres veces al día.

De media.

Y no sé frenar el grifo cuando sí me sé el único responsable
de que broten de mí las lágrimas que ya no cultivan nada.

Debo admitir, también, que luché mucho tiempo por no fijarme demasiado en el reflejo del espejo,
pero cuando surgen las inseguridades internas lo primero que le duele a uno
es lo desbaratado que luce por fuera.

Aunque sea lo menos que urge arreglar.

Cuando esto ocurre la media aumenta a cinco.

Ya no tengo tanta fe en otros corazones.

Ni si quiera en el mío, debería de reconocer.

Cuento con los dedos de una mano los corazones por los cuales pondría la otra en el fuego.

Y eso no me resulta triste. Ni desalentador. Me ayuda a rebajar, o eliminar, expectativas.

Cuando esto ocurre la media se mantiene.
Qué jodido no tener expectativas.
No tener ilusión,
ni esperanza,
de que vuelva a llegar alguien que te lo remueva todo.

La media aumenta, y ya no me apetece esconderlo.

Quizá no quieres que llegue nadie.

Porque en esa comparativa fortuita y amoral que nuestro corazón hace, toda la que llegue saldrá perdiendo. Y uno, que se cree justo, intenta evitar las injusticias.

Debo admitir que en mi deshielo emocional
me rompo en llanto cada rato que estoy a solas,
en esa soledad elegida a dedo
que, tan necesaria y mordaz,
sigue siendo fiel
y, aunque se lo exija,
nunca me abandona.

martes, 25 de diciembre de 2018

Ahora que nadie me ve

Ahora que nadie me ve voy a soltar el lastre,
los daños,
las lágrimas,
el dolor.

Ahora que nadie me ve,
voy a volar libre,
de la mano de quien no tenga miedo.

Voy a soñar con los ojos abiertos.

Ahora que alguien me lee,
tengo tantos propósitos,
como despropósitos,
que cumplir el próximo año.
Y, aunque no sé muy bien como empezar,
sé cómo no debo acabar;
queriendo(te).

Ahora que alguien me ve,
me toca,
me siente,
me quiere,
ahora.

Ahora que alguien no me quiere leer,
tenías razón,
corazón,
estoy mejor lejos de tu amor.
Que implica estar lejos de tu dolor,
aunque no quiera abandonarnos,
aunque no quiera abandonarte.

Ahora, leéme, por favor.

Estar mejor
no signfica
que sea
siempre
la mejor opción.

Ahora que alguien me ve,
no confundas estas lágrimas
con la debilidad de quien está rendido,
sino con la valentía de quien se sabe resquebrajado
pero
no
va
a
parar
de
luchar.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Tienes derecho

Tienes derecho a romperte,
a resquebrajarte en mil pedazos
y dejar esparcidos por el cuarto todos tus trozos.

Tienes permiso para dejarlos ahí,
botados,
durante unos días.

Sin que nadie venga a ordenarlos,
a pegarlos,
a unirlos,
a juntarlos.

Nadie tiene la obligación de venir a reconstruirte,
ni si quiera tú.

Tienes derecho a verlo todo un poquito más oscuro de lo normal,
te has pasado demasiado tiempo tirando del resto,
poniendo el optimismo en corazones hundidos
que no veían el final,
ni el principio,
que no veían nada.

Y te has olvidado de tus rodillas.
Que también flaquean,
y se doblan.

Te has olvidado de tu pecho,
que también se rinde.

Tienes derecho a guardar silencio,
porque cualquier cosa que digas
podrá ser, y será, utilizada en tu contra.

Tienes derecho a sentirte derrotado,
porque ahí,
y solo ahí,
sabrás donde está el fondo.

Y ya solo te quedará la obligación de salir a flote.

sábado, 17 de noviembre de 2018

Con el tiempo

Con el tiempo uno se agota,
baja los brazos,
tira la toalla
y, de vez en cuando y aunque cada vez menos, la ropa.

Con el tiempo uno deja de perseguir trenes,
de coger aviones,
de tocar el timbre de improvisto
y de escribir con destinatario. 

Ahora solo me siento en los bancos
veo la vida pasar de la mano de otro,
mucho chocolate,
cine a solas
y promesas al espejo.

Me rompo en los años impares
me recompongo en los pares.

Ignoro las ofensas.
Los halagos, por escasos, ya ni los espero
y he aprendido a callar;
por aquello de no malgastar palabras.

No vaya ser que con el tiempo me hagan falta.

El rencor ya ni aparece.

Estoy aprendiendo a olvidarme de recordar,
que parece,
pero no es lo mismo
que aprender a olvidar.

Con el tiempo, como ya escribió Jorge,
he aprendido que el amor no significa acostarse,
y que, en ocasiones, la piel que te acaricia
lo hace de la forma que te gustaría que lo hiciera otra.


jueves, 18 de octubre de 2018

Ahora que nadie nos ve

Ahora que nadie nos ve te confieso que he doblado las rodillas,
pero nunca he bajado la barbilla. Ni la mirada.

Ahora que nadie nos ve tengo que admitirte que estoy más roto de lo que logras adivinarme,
pero no me he olvidado de los lugares donde van mis pedazos.

Ahora que nadie nos ve; ojalá sonrías, amor.
Por aquello de que te llamen insensible si lo haces cuando te ven, como si la sonrisa fuera una muestra irrefutable de que todo va bien.

Y no.

Ojalá sonrías, amor.

Ahora que nadie nos lee, te advierto que tengo muchas letras guardadas con tu nombre, borradores con tus apellidos y versos y besos que jamás verán la luz.

O quizá.

En ese libro que nunca podré escribir.

Ahora que nadie nos lee; te quiero, desamor.

Por aquello de nunca ser lo que no podríamos ser por el simple y jodido hecho de ser tú y yo.

Pero como desear ser otros, si solo yo sé como acaricias y solo tú sabes como muerdo.

Ahora que nadie nos ve, no pares amor.

Ahora que nadie nos lee, escríbeme cuando te sientas rota; tampoco me he olvidado de donde van tus trozos.

Por aquello de creerme un héroe si sueltas un ‘te necesito’ a regañadientes.

Ahora que nadie nos ve, te quiero, amor.