La vida, sabes.
Nos pasamos la infancia escuchando como defendernos de los que nos hace daño,
como afrontar las caídas,
como encajar los golpes,
salta,
esquiva,
levántate que desde el suelo no se puede luchar.
La vida, sabes.
Pero no nos enseñaron a afrontar despedidas,
a tener que vivir sin abuelo,
sin mamá.
'No le hables de la muerte, que es demasiado pequeño'.
Y a los tres años ya miraba las estrellas buscando cuál era la que más brillaba.
La vida, joder.
Siempre buscando respuestas en el cielo, en las estrellas, en la luna. Porque el ser humano evita hablar de lo que duele.
Solo lo hacemos después. Cuando el daño está hecho y las palabras solo pueden ser un falso bálsamo que alivie la pena.
La vida jode.
Sin coma. En primera persona.
La vida hace daño y no nos preparan para eso de pequeños.
Porque debemos crecer y lo debemos hacer poco a poco.
Pero la muerte llega de golpe, corazón.
Mientras completas un estiramiento a mil seiscientos kilómetros de quien cierra los ojos por última vez.
Nos pasamos la infancia queriendo crecer, porque pensamos que nada se acaba, porque no nos enseñan a disfrutar de lo que un día vamos a perder.
Y lo sé, un niño debe crecer feliz sin tristezas que le agrien el corazón, pero si a mi me hubiesen avisado,
si a mi me hubiesen avisado
hubiera hecho pellas,
cogido un avión,
me habrían expulsado del colegio
y el último abrazo que no di
no sería hoy un anhelo.
martes, 18 de junio de 2019
miércoles, 12 de junio de 2019
Desempatía
Pierdo la fe en el predominio de la bondad en los corazones de esta sociedad que, por sobrevivir, el único afán por el que luchan es para ver quien es más hijo de puta.
Quien lo tiene más grande. (El ego, claro).
Quien sufre menos.
Quien hace más daño.
Quien se rehace antes.
Pierdo la fe en la palabra de la gente,
también en la capacidad para escuchar de quien nunca se sumerge en un corazón que no sea el suyo.
Pierdo la fe en las miradas.
Ya no aguantan;
se desvían.
Miran al techo,
a un escote,
a un paquete.
Da mucho más vértigo unos ojos que unas curvas.
El brillo que deslumbra en el horizonte es la ausencia, cada vez más mordaz, más dolorosa, de la empatía.
Empatía.
Hasta el Word me corrige la palabra,
quizá sería más acertada la siguiente para describirnos;
desempatía.
Quien lo tiene más grande. (El ego, claro).
Quien sufre menos.
Quien hace más daño.
Quien se rehace antes.
Pierdo la fe en la palabra de la gente,
también en la capacidad para escuchar de quien nunca se sumerge en un corazón que no sea el suyo.
Pierdo la fe en las miradas.
Ya no aguantan;
se desvían.
Miran al techo,
a un escote,
a un paquete.
Da mucho más vértigo unos ojos que unas curvas.
El brillo que deslumbra en el horizonte es la ausencia, cada vez más mordaz, más dolorosa, de la empatía.
Empatía.
Hasta el Word me corrige la palabra,
quizá sería más acertada la siguiente para describirnos;
desempatía.
martes, 11 de junio de 2019
¿Infalibles?
Vivimos creyendo que estamos preparados para cualquier cosa,
porque las redes sociales nos hacen creer que somos invencibles.
Infalibles.
Mil 'likes' para cubrirnos de una invulnerabilidad ficticia.
Y no sabremos si somos capaces de nadar hasta que nos adentremos en la marea.
Y no sabremos si somos capaces de montar en bicicleta hasta que damos la primera pedalada.
Vas a tragar agua.
Se te va a meter por la nariz.
Te vas a agobiar.
Te va a faltar el jodido aire.
Pero no puedes dejarte hundir.
No puedes parar de aprender a agitar los brazos y las piernas.
Te vas a caer de la bici.
Te vas a raspar las rodillas.
Y sangrarás, porque no eres un superhéroe.
Porque, en la vida, la gente no busca superhéroes.
La gente necesita personas que le salven la vida,
que le salven el alma.
porque las redes sociales nos hacen creer que somos invencibles.
Infalibles.
Mil 'likes' para cubrirnos de una invulnerabilidad ficticia.
Y no sabremos si somos capaces de nadar hasta que nos adentremos en la marea.
Y no sabremos si somos capaces de montar en bicicleta hasta que damos la primera pedalada.
Vas a tragar agua.
Se te va a meter por la nariz.
Te vas a agobiar.
Te va a faltar el jodido aire.
Pero no puedes dejarte hundir.
No puedes parar de aprender a agitar los brazos y las piernas.
Te vas a caer de la bici.
Te vas a raspar las rodillas.
Y sangrarás, porque no eres un superhéroe.
Porque, en la vida, la gente no busca superhéroes.
La gente necesita personas que le salven la vida,
que le salven el alma.
jueves, 16 de mayo de 2019
Feliz cumpleaños
Apriétate los machos, chaval.
Que sigues cumpliendo años, provocando daños, directos y colaterales.
Que esto ya no es como pensabas cuando cumpliste diez, que ella no está y a él ya no lo esperas.
Aprieta los puños,
el corazón,
los dientes,
aprende a sangrar porque vas a seguir perdiendo cosas.
Y cuando digo cosas me refiero a vida con cada despedida.
Procura, por lo menos, tenerlas.
Porque ya sabes lo duro que es no poder hacerlo.
Suelta lastre, tienes fijación por elegir caminos a contracorriente, y no te conviene exceso de equipaje.
Dosifica tu tiempo y elige bien con quien lo compartes. Ya sabes que algunos corazones no entienden la suerte que supone que los elijas a ellos.
Y sigue firme, chaval. Porque sigues cumpliendo años y metas, porque sigues fiel a ti mismo a pesar de que eso signifique andar en soledad más de lo políticamente recomendado, como si estar a solas fuera un delito. En una sociedad de falsas relaciones masificadas por las redes sociales se minusvalora el tiempo que dedicamos para nosotros mismos. Y te señalan con el dedo cuando dices "estoy mejor solo", te llaman loco, triste, o hipócrita. Porque piensan que quizá sea porque no hay nadie a tu lado, ignorando que eres tú el que no quiere a nadie en él.
Pero sigue avanzando.
Tus cicatrices, también las que llevan tinta, te marcan de donde vienes y quien eres.
No te olvides nunca de ti.
Ni del adulto que querías ser cuando cumpliste diez.
En momentos de bajón siempre encontramos fuerza en los sueños que teníamos cuando éramos pequeños
y yo solo soñaba con mirar a la grada y dedicarle un gol.
Hoy soplar las velas es la metáfora de aquellos goles, y mirar al cielo el beso volado al tendido que nunca le di.
Que sigues cumpliendo años, provocando daños, directos y colaterales.
Que esto ya no es como pensabas cuando cumpliste diez, que ella no está y a él ya no lo esperas.
Aprieta los puños,
el corazón,
los dientes,
aprende a sangrar porque vas a seguir perdiendo cosas.
Y cuando digo cosas me refiero a vida con cada despedida.
Procura, por lo menos, tenerlas.
Porque ya sabes lo duro que es no poder hacerlo.
Suelta lastre, tienes fijación por elegir caminos a contracorriente, y no te conviene exceso de equipaje.
Dosifica tu tiempo y elige bien con quien lo compartes. Ya sabes que algunos corazones no entienden la suerte que supone que los elijas a ellos.
Y sigue firme, chaval. Porque sigues cumpliendo años y metas, porque sigues fiel a ti mismo a pesar de que eso signifique andar en soledad más de lo políticamente recomendado, como si estar a solas fuera un delito. En una sociedad de falsas relaciones masificadas por las redes sociales se minusvalora el tiempo que dedicamos para nosotros mismos. Y te señalan con el dedo cuando dices "estoy mejor solo", te llaman loco, triste, o hipócrita. Porque piensan que quizá sea porque no hay nadie a tu lado, ignorando que eres tú el que no quiere a nadie en él.
Pero sigue avanzando.
Tus cicatrices, también las que llevan tinta, te marcan de donde vienes y quien eres.
No te olvides nunca de ti.
Ni del adulto que querías ser cuando cumpliste diez.
En momentos de bajón siempre encontramos fuerza en los sueños que teníamos cuando éramos pequeños
y yo solo soñaba con mirar a la grada y dedicarle un gol.
Hoy soplar las velas es la metáfora de aquellos goles, y mirar al cielo el beso volado al tendido que nunca le di.
lunes, 13 de mayo de 2019
El amor y sus formas
Yo te quiero.
Pero te quiero conmigo,
sin mí,
cerca, lejos, incluso en otra galaxia.
Yo te quiero así,
cuando decides comerte el mundo.
Yo te quiero, así.
Aunque hayamos decidido coger otros caminos,
separar nuestras pieles y nuestros pasos.
Te quiero fuerte,
pero también lo hago cuando flaqueas y te muestras vulnerable.
Te quiero cuando eres solución ecuánime, pero también cuando dejas que el corazón tome las riendas y marque el ritmo.
Yo te quiero.
No de una manera poética,
ni platónica,
ni, mucho menos, perfecta.
Pero lo hago
y cada día aprendo nuevas formas de hacerlo mejor,
porque no hay manera más real de quererte que hacerlo así,
que quererte así,
que quererte bien.
Pero te quiero conmigo,
sin mí,
cerca, lejos, incluso en otra galaxia.
Yo te quiero así,
cuando decides comerte el mundo.
Yo te quiero, así.
Aunque hayamos decidido coger otros caminos,
separar nuestras pieles y nuestros pasos.
Te quiero fuerte,
pero también lo hago cuando flaqueas y te muestras vulnerable.
Te quiero cuando eres solución ecuánime, pero también cuando dejas que el corazón tome las riendas y marque el ritmo.
Yo te quiero.
No de una manera poética,
ni platónica,
ni, mucho menos, perfecta.
Pero lo hago
y cada día aprendo nuevas formas de hacerlo mejor,
porque no hay manera más real de quererte que hacerlo así,
que quererte así,
que quererte bien.
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